SANTO DOMINGO, RD.– El modelo de financiamiento y la sostenibilidad financiera de las instituciones de educación superior en la República Dominicana se encuentran en un punto de profunda reflexión. La realidad económica actual plantea serios desafíos para las academias, las cuales enfrentan costos operativos crecientes para mantener la calidad educativa, actualizar sus tecnologías y sostener sus infraestructuras físicas y virtuales.
En el marco de este debate sobre el futuro educativo nacional, se ha puesto de manifiesto que los ingresos percibidos por concepto de matriculación de alumnos resultan insuficientes para cubrir el presupuesto real de las academias. Esta situación obliga a los centros de estudios a buscar mecanismos alternativos de captación de recursos y a plantear alianzas estratégicas que aseguren la continuidad de sus programas formativos.
Dando el debido crédito a los planteamientos del sector académico, el secretario de la Asociación Dominicana de Rectores de Universidades (ADRU), Rafael Teijeiro Ruiz, afirmó de manera categórica que en la República Dominicana ninguna universidad logra sobrevivir ni mantener sus operaciones fundamentándose únicamente en el cobro de la matrícula estudiantil. El representante de la ADRU enfatizó que la estructura de costos de una educación superior moderna e integral supera por mucho los aportes individuales de los estudiantes matriculados.
Teijeiro Ruiz fue enfático al señalar que la formación académica no puede ser concebida bajo ninguna circunstancia como una actividad mercantil o de lucro personal. “La educación no se puede ver como negocio, es una labor social y formativa sin fines de lucro”, puntualizó el directivo, recordando que la misión primordial de estas instituciones es el desarrollo del capital humano y el impulso científico, técnico y cultural de la sociedad dominicana.
De igual manera, el secretario de la organización que agrupa a los rectores del país explicó que, para subsistir y cumplir con los estándares requeridos por el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCYT), las universidades deben recurrir activamente a la diversificación de sus fuentes de ingresos. Esto incluye la gestión de proyectos de investigación financiados por organismos internacionales, la oferta de consultorías especializadas, las donaciones del sector privado y, de forma prioritaria, el reclamo de un mayor apoyo e inversión económica por parte del Estado dominicano para garantizar el acceso democrático y de calidad a las aulas profesionales.