Un sencillo remolcador de Guzmán abrió el marcador en el Quisqueya Juan Marichal y encaminó la victoria de los bicampeones nacionales ante el conjunto romanense. Imagen de cortesía.
SANTO DOMINGO.– Los Leones del Escogido hicieron valer su condición de locales y derrotaron por blanqueada 2-0 a los Toros del Este la noche del sábado en el estadio Quisqueya Juan Marichal, apoyados en el batazo oportuno de Jonathan Guzmán y una labor monticular que limitó la ofensiva rival.
Guzmán conectó un sencillo hacia la banda contraria que permitió romper el empate y remolcar la primera carrera de los escarlatas. Esa conexión resultó clave para que los bicampeones nacionales tomaran el control de un encuentro caracterizado por la escasa producción ofensiva de ambos conjuntos.
Los Leones agregaron una segunda anotación para completar el marcador de 2-0 y respaldar el trabajo de sus lanzadores, que mantuvieron a raya a los bates de los Toros durante el compromiso.
Radhamés Liz abrió con solidez
El abridor escarlata Radhamés Liz tuvo una salida de cuatro entradas en las que permitió apenas dos imparables y concedió un boleto, además de ponchar a dos bateadores.
Aunque Liz salió sin decisión, su actuación ayudó a mantener el partido bajo control y dejó el escenario preparado para que el relevo continuara el trabajo defensivo del Escogido.
La blanqueada representó un esfuerzo colectivo del cuerpo de lanzadores, que consiguió preservar la ventaja y evitar que los Toros encontraran la oportunidad de regresar al encuentro.
Guzmán respondió en el momento oportuno
En un partido de pocas carreras, la ofensiva situacional marcó la diferencia. El sencillo de Guzmán permitió a los Leones capitalizar una oportunidad y colocar presión sobre el conjunto visitante.
El Escogido consiguió así una victoria por dos carreras que combinó producción ofensiva oportuna y control desde el montículo, dos elementos fundamentales en encuentros donde cada anotación puede cambiar el desenlace.
Los Toros del Este, por su parte, se quedaron sin anotar en el Quisqueya, sin poder descifrar el pitcheo de los locales.