Ana Rossina y Kenny Grullón. Imagen de fuente externa
Santo Domingo.– El fantasma de la delincuencia y la desprotección ciudadana ha golpeado de frente al corazón de la clase artística y comunicacional del país. La reconocida presentadora de noticias Ana Rossina Troncoso y su esposo, el destacado actor y humorista Kenny Grullón, confirmaron a través de un comunicado oficial que fueron víctimas de un violento asalto en el interior de su propia residencia, ubicada en el céntrico sector de la Zona Universitaria en el Distrito Nacional. El suceso ha encendido las alarmas sobre la vulnerabilidad extrema en la que se encuentran los perímetros residenciales de la capital dominicana.
De acuerdo con las informaciones contenidas en el documento, publicado en la cuenta oficial de Instagram de la comunicadora, un individuo logró burlar los accesos de la propiedad e irrumpir en la intimidad del inmueble. La pareja describió el violento episodio como una situación “sumamente difícil y de gran angustia”, revelando que, además de las cuantiosas pérdidas materiales de valor, sufrieron algunas lesiones físicas menores causadas por el forcejeo con el intruso. Pese al trauma psicológico, confirmaron con alivio que tanto ellos como sus hijos se encuentran juntos, a salvo y formalmente fuera de peligro.
El asalto al refugio privado y la ineficacia del plan preventivo
Para la redacción de Noticias En Línea RD, este asalto no puede ser despachado como un simple hecho delictivo menor o un robo aislado. Que un delincuente tenga la audacia de violar el perímetro privado de una vivienda en un sector de alta circulación del Distrito Nacional evidencia que los criminales le han perdido por completo el miedo al aparato policial. El hogar, que constitucionalmente debe ser el refugio sagrado e inviolable de cada familia dominicana, se ha convertido en un escenario de terror a merced de desaprensivos que operan con total libertad.
A pesar de que las víctimas destacaron y agradecieron de forma infinita la asistencia crítica del Sistema Nacional de Atención a Emergencias y Seguridad 9-1-1, cuya guía de orientación telefónica fue vital en los minutos más oscuros del evento, así como la rápida respuesta de auxilio de las patrullas de la Policía Nacional y de la Dirección Central de Investigación (DICRIM), la realidad de fondo es preocupante. La intervención de los uniformados se produce de forma fáctica después de que el daño físico, material y moral ya ha sido consumado. La lapidaria frase del comunicado de los esposos señalando que las pérdidas materiales pueden recuperarse porque “la vida y la familia son lo verdaderamente importante; Dios ha sido bueno”, refleja la dolorosa resignación de una ciudadanía que se siente desamparada por las políticas de prevención del Estado y que solo le queda dar gracias a la divinidad por no formar parte de las trágicas estadísticas de homicidios del país.