Santo Domingo — “Eres demasiado pequeña para destacar en el atletismo”. Durante años, esa frase resonó en los oídos de Liranyi Alonso. Entrenadores que dudaban de su alcance, compañeros que hacían comentarios despectivos sobre su físico y un entorno escolar que intentaba apagar sus aspiraciones. Sin embargo, en lugar de quebrarse, la velocista de 20 años transformó cada prejuicio en combustible para convertirse en la reina absoluta e indiscutible de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.
La atleta, nacida en Santo Domingo y radicada desde temprana edad en La Vega, puso de pie al Estadio Olímpico Félix Sánchez tras completar una actuación estelar e imborrable. Alonso cosechó cuatro medallas de oro en los 100 metros, 200 metros, el relevo femenino 4X100 y el relevo 4X100 mixto, consolidándose como la figura más sobresaliente de la pista nacional en la cita regional.
Récord histórico: Respuesta a la duda
En la prueba reina de los 100 metros planos, Liranyi cruzó la meta con un registro de 11.10 segundos, pulverizando la mítica marca de 11.14 segundos que poseía la bahameña Chandra Sturrup desde los Juegos de Maracaibo 1998. La joven velocista demostró que posee el talento y la proyección necesaria para reeditar estos triunfos en los escenarios más exigentes del concierto internacional.
Sin embargo, para Liranyi, la verdadera carrera no inició en el disparo de salida de esa final, sino en los entrenamientos silenciosos, en las madrugadas de esfuerzo y en los momentos donde nadie creía en su potencial.
“Muchos entrenadores me dijeron que no iba a llegar porque soy muy pequeña. En la escuela también me hacían comentarios sobre mi cuerpo”, recordó la reina de la velocidad. “Cada crítica, cada comentario feo, cada cosa que me hacían para derrumbarme, lo que hicieron fue hacerme más fuerte”.
Las raíces y el impulso detrás del éxito
El camino de Alonso hacia el alto rendimiento se inició con una elección sencilla pero determinante. Cuando su madre le preguntó si prefería estudiar inglés o practicar un deporte, la joven eligió el atletismo sin imaginar la dimensión que tomaría su carrera.
A pesar de que prefiere mantener a su familia alejada de los reflectores y evita hablar de su vida privada en público, la atleta destaca el rol determinante de sus seres queridos.
“Con mi padre, con mi madre, desde siempre apoyándome ahí”, expresó sobre el pilar emocional que la sostuvo frente a las lesiones, la presión competitiva y los momentos de duda.
A este núcleo se suma la labor de su entrenador, José Rubio, a quien califica como pieza clave en su evolución técnica y en su madurez competitiva para encarar eventos de alta presión: “Me ha ayudado a llegar hasta donde estoy”.
El futuro: La medicina en pausa y la mirada en los Anillos Olímpicos
Su dedicación al deporte ha exigido priorizar metas. Aunque completó el bachillerato, Liranyi no ha iniciado la universidad debido a las demandas del ciclo olímpico. Pese a que le atrae la medicina —especialmente el área quirúrgica—, reconoce que por ahora su prioridad absoluta es el atletismo de élite.
Santo Domingo 2026 fue solo el punto de partida. Alonso proyecta su mirada hacia las próximas grandes citas del atletismo mundial: los Campeonatos Mundiales, los Juegos Panamericanos y, en la cima de sus aspiraciones, los Juegos Olímpicos.
“Con Dios, con mi entrenador y con mi familia, nos vamos a ver en todos”, afirmó la atleta, quien aspira a que su trayectoria sirva de faro para la juventud que enfrenta barreras físicas o sociales. “Me encantaría contar mi historia. No me rendí, sigo aquí y voy a seguir luchando hasta el final”.
Antes de volver a las pistas, dejó un mensaje claro para los padres y tutores:
“Si sus hijos les dicen que quieren practicar algún deporte, no les quiten ese sueño de luchar y de ser alguien en la vida”.
Detrás de sus cuatro metales dorados y el récord regional, Liranyi Alonso ha demostrado que la determinación y el trabajo silencioso vencen cualquier prejuicio.