WASHINGTON, EE. UU. – En un despliegue de alta diplomacia, protocolo estricto y un ambiente cargado de simbolismo político, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y la primera dama, Melania Trump, ofrecieron una fastuosa cena de Estado en el Salón Este de la Casa Blanca en honor al mandatario de la República Popular China, Xi Jinping, y su esposa, la primera dama Peng Liyuan. El histórico banquete no solo sirvió para suavizar las tensiones bilaterales tras intensas reuniones a puerta cerrada sobre aranceles, comercio y seguridad informática, sino también para congregar a los máximos titanes de la industria tecnológica global.
El evento destacó por un menú pescetariano de fusión diseñado meticulosamente bajo la supervisión de Melania Trump, combinando ingredientes norteamericanos con sutiles influencias orientales. La velada inició con un brindis de espumoso Schramsberg Blanc De Noir, una referencia histórica al famoso “Brindis por la Paz” realizado en Pekín en 1972 por el expresidente Richard Nixon y el premier Zhou Enlai. Las mesas lucieron manteles y decoraciones florales en color rojo, el color de la fortuna y la celebración en la cultura china, y los platos se sirvieron sobre la vajilla presidencial de la era de Ronald Reagan.
Un menú de alta cocina internacional
El banquete constó de tres tiempos perfectamente balanceados:
- Primer plato: Un velouté de calabaza amarilla acompañado de setas silvestres, hierbas frescas, panceta crujiente y un toque de aceite de cebollino.
- Plato fuerte: Una lubina con costra de sésamo, servida junto a un baby bok choy braseado, berenjena de jardín asada y una refinada salsa verde.
- Postre: Un cremoso de vainilla con confitura de cerezas ácidas y frangipane de nuez, acompañado por un helado de miel recolectada directamente de las colmenas de la Casa Blanca.
Una lista de invitados dominada por Silicon Valley y Wall Street
Más allá de la gastronomía, el verdadero foco de atención estuvo en la lista de más de 100 invitados, repleta de directores ejecutivos y líderes tecnológicos involucrados en la carrera por la dominación de la Inteligencia Artificial (IA) y el mercado de semiconductores. En la mesa principal, compartiendo directamente con los mandatarios de ambas superpotencias, se sentaron figuras clave como Elon Musk (quien ha liderado esfuerzos gubernamentales en la administración de Trump), Tim Cook (presidente de la junta de Apple), Jensen Huang (CEO de Nvidia) y Lisa Su (CEO de AMD).
Al evento también asistieron personalidades de la magnitud de Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Meta), Sundar Pichai (Google), Sam Altman (OpenAI), Satya Nadella (Microsoft) y Michael Dell (Dell Technologies). La presencia financiera se hizo notar con la asistencia de Jamie Dimon (JPMorgan Chase) y Larry Fink (BlackRock), junto a altos funcionarios como el vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y miembros del Tribunal Supremo de Justicia.
Durante sus discursos, Donald Trump rompió brevemente el protocolo para invitar de manera jocosa a los asistentes a observar las obras del nuevo salón de baile que se construye en el jardín sur, bautizado como el “Gran Salón de los Estados Unidos”, con el que pretende rivalizar con el Gran Salón del Pueblo de Pekín. Asimismo, Trump obsequió a Xi Jinping una gran escultura de un águila calva, diseñada en colaboración con la primera dama. En respuesta al despliegue, Xi agradeció las atenciones presidenciales y destacó que los diálogos bilaterales añadieron “nueva sustancia” a las complejas pero necesarias relaciones entre las dos potencias mundiales.