CARACAS, VENEZUELA (Por Regina García Cano / AP y Servicios de Noticias En Línea RD).– Una semana después de registrarse los históricos y destructivos terremotos gemelos del pasado 24 de junio en Venezuela, la comunidad médica y las agencias internacionales encendieron las alarmas este miércoles ante el temor inminente de que las secuelas del desastre desencadenen una crisis sanitaria incontrolable. El panorama está marcado por miles de heridas sin tratar, una amenaza latente de enfermedades infecciosas y un sistema hospitalario que opera al límite crítico de sus capacidades físicas.
Las pésimas condiciones de salubridad afectan a miles de venezolanos desplazados que se ven obligados a dormir en refugios severamente abarrotados o a la intemperie, careciendo por completo de acceso a agua potable. Según el balance de las autoridades, el evento telúrico ya se ha cobrado la vida de al menos 2,295 personas y ha dejado más de 11,000 heridos. El drama humano y las deficiencias del sistema de socorro en las zonas de desastre guardan estrecha relación con las vivencias de la diáspora, tal como reportamos en nuestra cobertura sobre los dominicanos repatriados en vuelos humanitarios que narran el horror vivido tras los terremotos en Venezuela, quienes describieron escenas de absoluto pánico en el epicentro de la tragedia.
De los traumas complejos a las infecciones bacterianas
El director de la unidad de traumatología del Hospital del Oeste “Dr. José Gregorio Hernández” en Caracas, Eugenio Cova, advirtió que la emergencia ha entrado en una segunda y peligrosa fase. “Ya pasamos el período de los traumas complejos; ahora el peligro inminente son las infecciones que traen consigo los pacientes que han pasado días expuestos a los escombros y al desastre”. A esto se suma la advertencia de Veronique Durroux, portavoz de la agencia humanitaria de la ONU para América Latina y el Caribe, quien señaló que el calor extremo, la acumulación de escombros y la nula gestión de residuos sólidos y aguas residuales amenazan con desatar brotes epidemiológicos agresivos.
La catástrofe ha puesto en evidencia el colapso histórico de la infraestructura sanitaria venezolana, la cual arrastra un déficit crónico tras la migración de casi la mitad de los 84,000 médicos que el país necesita según los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Jaime Lorenzo, director de la red Médicos Unidos de Venezuela, denunció que la escasez nacional de ambulancias obliga a trasladar a los heridos en camas de camionetas privadas. Lorenzo alertó además que, una vez baje la adrenalina del sismo, los hospitales recibirán una tercera ola de pacientes críticos: miles de ciudadanos con enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión que llevan una semana sin medicación tras perder sus hogares.
Despliegue militar de EE.UU. y crisis de desaparecidos
Para mitigar la parálisis logística, el Comando Sur de los Estados Unidos desplegó un contingente de 900 efectivos militares sobre el terreno, según confirmó el portavoz Steven McLoud a la agencia AP. Las tropas norteamericanas lograron reparar la pista principal de aterrizaje del Aeropuerto Internacional de Maiquetía para agilizar la entrada de cargamentos de asistencia humanitaria, posicionando además recursos navales frente a las costas para evacuaciones médicas aéreas. El gobierno de Donald Trump ha canalizado 300 millones de dólares en ayuda a través de la ONU, una cifra ínfima frente a los daños materiales totales calculados por satélite en más de 6,700 millones de dólares. En paralelo, unos cincuenta equipos internacionales de rescate, incluidos especialistas de Ecuador e Israel, siguen logrando milagros, como la extracción con vida el pasado martes de un niño atrapado durante seis días bajo el concreto.
Recomiendo leer: “Fueron minutos de terror”
En el plano político, la administración interina de la presidenta encargada Delcy Rodríguez enfrenta ácidas críticas por la opacidad y los fallos de coordinación en el rescate. La indignación social estalló tras difundirse videos en redes sociales que mostraban a agentes de seguridad hurtando pertenencias y dólares de las estructuras colapsadas; en respuesta, el Ministerio del Interior confirmó la destitución y detención de cuatro agentes policiales por desviarse de sus deberes. El drama más amargo lo enfrentan las familias que esperan junto a las ruinas: según una base de datos digital gestionada por organizaciones no gubernamentales, la cifra de personas que continúan formalmente sin ser localizadas asciende a la alarmante cantidad de 40,600 desaparecidos.