Matias Delacroix. Foto de agencia EFE
BOGOTÁ / CALI — Con una agenda de gobierno diametralmente opuesta a la de la gestión saliente de Gustavo Petro, el abogado y dirigente político Abelardo De la Espriella asumió oficialmente la Presidencia de Colombia este 7 de agosto. El nuevo mandatario inicia su quinquenio con el desafío de conducir a una nación profundamente dividida tras los comicios del pasado 21 de junio, debiendo gestionar la falta de mayoría en el Congreso, la recuperación de la seguridad ciudadana y la reestructuración del sistema de salud.
Un cambio de rumbo ideológico frente a estrechos márgenes electorales
El triunfo de De la Espriella se consolidó en la segunda vuelta electoral con 12,9 millones de votos (49,66 %), frente a los 12,7 millones (48,70 %) obtenidos por el candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda. Este estrecho margen de diferencia marca el punto de partida de un mandato que busca girar el timón ideológico del país tras el ciclo del presidente saliente Gustavo Petro.
Sin embargo, los resultados en las urnas evidenciaron un mapa político fragmentado, donde las regiones más apartadas del territorio nacional otorgaron un respaldo mayoritario a la propuesta de Cepeda.
Gobernabilidad y fuerzas en el Congreso: El desafío legislativo
Uno de los principales frentes que determinará la viabilidad de las reformas de De la Espriella radica en el Órgano Legislativo. La coalición opositora del Pacto Histórico se posiciona como la principal fuerza del Congreso, al ostentar 26 senadores y 43 representantes a la Cámara.
En contraposición, el Centro Democrático, principal agrupación de derecha y bancada oficialista, cuenta con 17 senadores y 30 representantes, en un escenario donde ya se perfilan las primeras discrepancias internas entre sectores del partido de Gobierno y el equipo directivo del mandatario entrante. Analistas de mercado como Daniel Valero, economista jefe de Credicorp Capital, señalan que el Gobierno necesitará construir puentes de negociación y lograr “victorias tempranas” para sostener la gobernabilidad y atender el descontento de las regiones apartadas.
Los ejes prioritarios: Seguridad, salud y urgencias socioeconómicas
Entre los asuntos inmediatos que demandan un plan de choque por parte de la nueva administración destacan el déficit fiscal, la respuesta ante la sequía prevista por el fenómeno de El Niño, la estabilidad del sistema de salud y el combate al crimen organizado.
Plan de choque en seguridad y ultimátum a grupos armados
En materia de orden público, el panorama refleja un significativo incremento de la violencia. De acuerdo con informes de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), las estructuras armadas ilegales crecieron un 23,5 % durante el año 2025, alcanzando un total de 27.121 integrantes entre combatientes y redes de apoyo logístico.
La radiografía de las organizaciones armadas sitúa al Clan del Golfo como la mayor banda criminal con 9.840 miembros, seguida por la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) con 6.810 efectivos, y el Estado Mayor Central (EMC) —disidencia de las FARC— con 4.019 integrantes.
Frente al cese de la política de ‘paz total’ implementada por la gestión saliente, De la Espriella adoptó una postura de mano dura al enviar una advertencia directa a los grupos armados:
«A esas personas que están al margen de la ley, un mensaje categórico: disponen de un mes para entrar en razón (…) y organizar su sometimiento al Estado de Derecho. En mi Gobierno no habrá ofertas generosas ni concesiones inaceptables como las que recibieron del régimen que está llegando a su fin».
Para articular esta estrategia, fue designado como ministro de Defensa el mayor general retirado Jorge Eduardo Mora, oficial con 36 años de trayectoria en el Ejército Nacional y amplia experiencia en inteligencia, operaciones especiales y planificación estratégica.
Atención a la crisis sanitaria y contingencias climáticas
A la par con la seguridad, la administración entrante hereda una severa crisis en el sector salud. El sistema atraviesa un periodo de alta tensión debido a la escasez de medicamentos, el abultado endeudamiento de las Entidades Promotoras de Salud (EPS), el cierre de unidades operativas y el incremento de reclamos de pacientes ante las barreras para acceder a tratamientos quirúrgicos.
Oposición en la calle: La respuesta del Pacto Histórico liderada por Iván Cepeda
De manera simultánea a los actos protocolares de investidura celebrados en Cali, la oposición política mostró su fuerza en las calles. El senador Iván Cepeda encabezó una concurrida manifestación en la ciudad de Barranquilla, calificada por los organizadores como un acto de «desobediencia civil, resistencia y soberanía popular».
Miles de militantes del Pacto Histórico, centrales sindicales y movimientos sociales se congregaron en las inmediaciones del estadio Metropolitano. Durante su alocución, Cepeda desconoció la legitimidad del gobernante entrante, haciendo referencia a su doble nacionalidad estadounidense y a supuestas cuentas pendientes con la justicia de EE. UU.:
«Abelardo de la Espriella pasa de ser un extorsionista de narcotraficantes a ser un extorsionado de los Estados Unidos. En el primer acto del gobierno de Abelardo de la Espriella que nosotros veamos que viola la vida y los derechos de la gente vamos a responder de manera pacífica, pero enérgica».
Cepeda afirmó que la oposición mantendrá la movilización democrática con miras a defender los derechos sociales y encarar los próximos compromisos electorales, como las elecciones locales y regionales programadas para octubre de 2027.
Descentralización del Ejecutivo: Barranquilla como sede alternativa
En una decisión inédita para la estructura ejecutiva del país, el presidente De la Espriella confirmó que no fijará su residencia ni su despacho principal en la histórica Casa de Nariño en Bogotá —la cual contempla transformar en un espacio museístico—, sino que establecerá a Barranquilla como la capital alternativa de Colombia y centro de operaciones de su administración. Esta determinación sitúa a la capital del Atlántico en el centro geográfico de la disputa política, al ser proclamada simultáneamente por la oposición como la «sede de la resistencia democrática».