El ministro de Deportes y Recreación, Kelvin Cruz. Imagen de fuente externa.
Santo Domingo.– El Gobierno dominicano ha respondido con una contundente e histórica sanción institucional ante la ofensa perpetrada contra el orgullo patrio en el Estadio Olímpico. El ministro de Deportes y Recreación, Kelvin Cruz, anunció la prohibición total e indefinida para que la selección absoluta de fútbol de Haití vuelva a utilizar o disputar partidos oficiales en las instalaciones deportivas de la República Dominicana.
La drástica e inédita medida surge como una respuesta directa y fulminante a los graves incidentes de insubordinación y provocación geopolítica registrados el pasado jueves, en el encuentro correspondiente a la Liga de Naciones de la Concacaf donde la escuadra vecina venció 4-1 al combinado local. A su salida de la ceremonia de inauguración de los Juegos Deportivos Universitarios 2026, el funcionario fue tajante al señalar que el comportamiento registrado en el recinto por parte de la delegación y la fanaticada haitiana no se corresponde con las normas de respeto y decoro exigidas a las delegaciones extranjeras en el territorio nacional.
El freno oficial al ultraje y la defensa de la soberanía deportiva
Para la redacción de Noticias En Línea RD, la enérgica disposición de Kelvin Cruz constituye un acto de dignidad nacional necesario que pone freno a los excesos tolerados en nuestra propia casa. Permitir que el delantero haitiano Wilson Isidor gritara proclamas de fusión territorial como “La Española es Haití”, jaleado por miles de inmigrantes ilegales que secuestraron las gradas del Félix Sánchez, representaba una afrenta que el Estado dominicano no podía dejar pasar bajo el simple velo de un resultado deportivo.
El ministro Cruz recordó de forma fáctica que el Ministerio de Deportes cuenta con reglamentos disciplinarios claros que penalizan la indisciplina y el irrespeto a las reglas. Sostener que las infraestructuras deportivas del país representan inversiones estatales multimillonarias destinadas al fomento de la paz y la actividad física, y no pasarelas para el desafío político de activistas disfrazados de atletas, es un mensaje oportuno hacia la Concacaf. Al solicitar la comprensión de la ciudadanía ante una decisión adoptada “en estricto cumplimiento de las normativas vigentes del organismo estatal”, Cruz subsana la pasividad inicial de la Fedofútbol y establece un precedente de soberanía: quien no respete la bandera dominicana ni las leyes hospitalarias del país, no tiene derecho a pisar nuestros estadios.