CIUDAD DE MÉXICO (Por María Verza / AP y Servicios de Noticias En Línea RD).– Sonó el pitazo final y estalló la locura absoluta en el corazón de la capital azteca. El emblemático monumento del Ángel de la Independencia se convirtió una vez más en el testigo fiel de un festejo multitudinario sin precedentes en la historia reciente del fútbol mexicano, luego de que la selección nacional sellara una imponente victoria de 2-0 frente a su similar de Ecuador en la ronda de dieciseisavos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026.
La efervescencia por este choque trascendió fronteras y se vivió con igual intensidad en el plano internacional. Horas antes del partido, la gigantesca diáspora azteca y ecuatoriana paralizó puntos neurálgicos en los Estados Unidos, tal como reportamos en nuestra cobertura sobre el caos vial en Nueva York por el Mundial y la alerta policial por el duelo México-Ecuador, donde el Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) tuvo que desplegar operativos especiales en Queens y El Bronx ante la masiva asistencia a bares y restaurantes.
Un desborde humano de cinco kilómetros
Una marea humana de fanáticos encendió una ruta festiva de más de cinco kilómetros de avenidas, conectando la principal plaza capitalina, el “Zócalo”, con las inmediaciones del Bosque de Chapultepec. En toda la zona central se instalaron decenas de pantallas gigantes para el disfrute de la fanaticada, provocando que tras el triunfo se elevaran fuegos artificiales y cohetes que iluminaron el cielo de verde, blanco y rojo.
La magnitud de la concentración obligó a la jefa de gobierno (alcaldesa) de la Ciudad de México, Clara Brugada, a emitir un comunicado urgente en video a través de las redes sociales informando que ya había un millón de ciudadanos celebrando en las calles. Brugada, quien presenció el partido en un festival público en la zona de Azcapotzalco, instó a la población a dejar de aproximarse al colapsado Paseo de la Reforma y sugirió desviar los festejos hacia el concierto gratuito del grupo de cumbia Cañaveral en la gran explanada del Palacio de los Deportes para mitigar el riesgo de avalanchas urbanas.
Rompiendo la maldición histórica desde 1986
El júbilo que desbordó a toda la capital tiene una profunda explicación histórica: esta victoria representa la primera vez que México logra ganar un partido de eliminación directa en un Mundial desde la edición de 1986, justamente cuando el país fungió como anfitrión del magno evento deportivo.
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Las escenas de fiesta se multiplicaron por decenas de barrios, bares y estacionamientos reconvertidos en festivales futboleros en honor a una selección mexicana que se mantiene invicta en la competición mundialista. Entre bandas improvisadas en las esquinas, el tradicional cántico de “Cielito Lindo” entonado a todo pulmón por universitarios afónicos tras el gol de Julián Quiñones, y carritos de fuegos artificiales conocidos como “toritos”, el pueblo mexicano se unió en un solo grito de “¡Sí se pudo!”, extendiendo la celebración en una parranda nacional que promete durar toda la noche.
