SANTO DOMINGO — El subsecretario de Estado de los Estados Unidos, Christopher Landau, arribó al país en un despliegue diplomático de alto nivel institucional. El funcionario, quien ocupa la segunda posición de mayor jerarquía dentro del Departamento de Estado —solo por debajo del secretario Marco Rubio—, fue recibido en la pista de aterrizaje por la embajadora estadounidense Leah Campos y el viceministro de Política Exterior, Francisco Caraballo Núñez.
Aunque inicialmente se especuló sobre el carácter estrictamente político de la agenda, la delegación estadounidense confirmó que Landau se encuentra agotando sesiones enfocadas en el sector comercial. La propia embajadora Campos reportó excelentes intercambios con líderes del sector privado dominicano y ejecutivos de firmas como AES Dominicana para robustecer el intercambio de inversiones en la región. Asimismo, la agenda incluyó una alta reunión con el mandatario Luis Abinader, dando continuidad a los diálogos que ambos sostuvieron semanas atrás en Costa Rica.
El rol estratégico de la segunda figura de Washington
Designado en marzo de 2025 tras la nominación del presidente Donald Trump, Landau ejerce como el principal asesor y colaborador operativo en la ejecución de la política exterior de la Casa Blanca. De acuerdo con los manuales operativos del Departamento de Estado, el subsecretario tiene la facultad de asumir las riendas de la institución como secretario interino en ausencia del titular.
Entre sus competencias principales destacan:
Dirigir iniciativas diplomáticas complejas con gobiernos extranjeros.
Supervisar agendas bilaterales vinculadas a la seguridad, el libre comercio y la atracción de capitales hacia el hemisferio occidental.
Encabezar delegaciones de Washington en foros multilaterales críticos.
Con su experiencia previa como embajador de Estados Unidos en México (2019-2021), el subsecretario cuenta con un profundo dominio de dinámicas regionales como la seguridad fronteriza, la contención migratoria y el codesarrollo económico en América Latina. Su presencia en Santo Domingo reafirma el giro de la actual administración estadounidense para priorizar las relaciones de vecindad dentro de su propio hemisferio.
