SANTO DOMINGO — Mientras gran parte de la ciudad duerme, la alarma de Andreina Almánzar suena puntualmente a las 4:30 de la madrugada. Así inicia la rutina de una madre dominicana cuyo motor diario es el bienestar de sus cuatro hijas. Su jornada, calculada casi al minuto, se divide entre las exigencias del hogar, una fábrica en la Zona Franca de Las Américas y un negocio propio de estética que se extiende hasta altas horas de la noche.
En una entrega especial para el periódico HOY realizada por la periodista Merilenny Mueses, Almánzar comparte los desafíos y las inmensas satisfacciones de una maternidad sin treguas en el marco de la celebración del Día de las Madres en la República Dominicana.
Una rutina calculada al milímetro
El día de Andreina arranca preparando el desayuno y alistando a sus niñas. Su mayor reto temprano en la mañana es la menor de sus hijas, de cuatro años, quien nació con síndrome de Down. “Comienzo a organizar a la pequeña mayormente. Ella se toma su tiempo porque tiene una pequeña condición, entonces me dificulta más que ella asimile ciertas cosas”, relata con ternura.
Además de la pequeña, su hogar lo completan unas mellizas de 12 años y una joven de 20 años que trabaja y estudia Administración de Empresas en la universidad.
Tras dejar todo listo en casa, se traslada a su puesto laboral en la Zona Franca de Las Américas, donde cumple un horario de 7:00 de la mañana a 4:00 de la tarde. Al salir, recoge a sus hijas del colegio y a las 5:00 de la tarde inicia su segundo turno: trabaja en su propia casa brindando servicios de pedicura, manicura y quiropedia, extendiéndose a veces hasta las 9:00 de la noche.
Desafíos económicos, salud y renuncias silenciosas
El diagnóstico de síndrome de Down de su hija menor llegó como “un balde de agua fría” a los dos meses de nacida. Hoy en día, la pequeña requiere un estricto seguimiento con especialistas en pediatría, genética, endocrinología, cardiología y gastroenterología. Esto implica gastos elevados en tratamientos y una alimentación especial de alto costo. “Es algo costoso, más en esta sociedad donde un sueldo mínimo está por debajo de la canasta básica”, comenta Andreina.
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A este reto económico se suman sus propias batallas de salud. Andreina convive a diario con hipertensión, escoliosis y varias hernias en la columna que le provocan fuertes dolores y calambres en las extremidades. Sin embargo, su filosofía de vida la mantiene de pie: antepone las necesidades de sus hijas a las suyas propias bajo una estricta regla de ahorro: “¿Lo quiero o lo necesito?”.
El motor que da frutos
A pesar del cansancio físico, el esfuerzo de Andreina se ve reflejado en el éxito de sus hijas. Las mellizas cursan el sexto de primaria acumulando medallas, reconocimientos y participaciones destacadas en olimpiadas estudiantiles. Por su parte, la menor es el alma alegre de la casa: “Gracias al Señor, es una niña totalmente saludable. Es muy juguetona, muy activa. Le encanta bailar”, afirma con profundo orgullo.
“Es agotador, pero el motor son los hijos. Esas personas que uno trae al mundo y uno hace todo lo posible para que tengan una mejor vida”, concluye Almánzar en este emotivo reportaje de Merilenny Mueses, representando el vivo reflejo de la resiliencia y el sacrificio de la madre dominicana.
