Por José Abreu, Director Noticias En Linea RD
Santo Domingo, RD.-La visita de este lunes del presidente Luis Abinader al Palacio de la Policía Nacional no es un hecho aislado, sino una cifra que retrata el estancamiento: fue la reunión número 151 de seguimiento al Plan de Seguridad Ciudadana. Detrás del protocolo, los discursos oficiales y la pomposa presencia de invitados internacionales —como el fiscal nacional de Chile, Ángel Valencia Vásquez, traído para “conocer buenas prácticas”— se esconde una realidad inocultable para la sociedad dominicana: la mal llamada Reforma Policial ha caminado hacia la involución y el retroceso.
Gobernar es priorizar la transparencia, pero a lo largo de estos años la institución del orden ha demostrado una incapacidad crónica para sacudirse el lastre de su vieja guardia. Mientras desde el Poder Ejecutivo se insiste en maquillar las estadísticas semanales ante un nutrido grupo de fiscales y ministros, la percepción pública y los hechos fácticos apuntan hacia una cúpula plagada de generales vinculados de forma recurrente por la ciudadanía con estructuras sombrías. El catálogo de deudas pendientes incluye el fantasma del sicariato, el flagelo del narcotráfico institucionalizado y las ejecuciones extrajudiciales maquilladas bajo el gastado guion de los “intercambios de disparos”.
La memoria histórica de este pueblo no padece de amnesia. Basta con recordar episodios críticos que han agrietado la credibilidad del cuerpo del orden, como la reciente suspensión de dos generales de brigada por su presunta vinculación en el “tumbe” de 271 kilogramos de cocaína en el municipio de Haina. Estos escándalos desarman cualquier narrativa de progreso y evidencian que los tentáculos de la criminalidad organizada se pasean con soltura por los despachos de alto rango.
Traer comitivas extranjeras a evaluar modelos de persecución del delito en la República Dominicana raya en la ironía cuando las familias dominicanas viven bajo el asedio diario de la delincuencia común y la desconfianza hacia su propia policía. Sentarse por centésima quincuagésima primera vez a evaluar estrategias sin depurar de raíz los mandos medios y altos que operan al margen de la ley es arar en el mar. La seguridad ciudadana no se consolida sumando firmas en un Club de Oficiales; se logra desmantelando las mafias con uniforme que han secuestrado la tranquilidad nacional en un verdadero Estado de derecho.