Santo Domingo.-Hoy, 29 de septiembre, nuestro país conmemora el Día Nacional de los Derechos de la Niñez. Es una fecha que nos invita a reflexionar, a mirar el camino recorrido y, sobre todo, a repensar los desafíos que aún tenemos por delante en la protección efectiva de nuestros niños, niñas y adolescentes.
Es innegable que la República Dominicana ha avanzado significativamente en materia normativa. Uno de los momentos fundamentales de este proceso fue la aprobación por nuestro país, en 1991, de la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por las Naciones Unidas en 1989. A partir de este compromiso internacional, la República Dominicana inició un proceso de adecuación y transformación de su marco jurídico, comenzando con la Ley núm. 14-94 y, posteriormente, con la Ley núm. 136-03, que crea el Código para el Sistema de Protección y los Derechos Fundamentales de Niños, Niñas y Adolescentes.
La Ley núm. 136-03 representa uno de los principales instrumentos jurídicos de protección de la niñez y la adolescencia en nuestro país. Su objeto es garantizar a todos los niños, niñas y adolescentes que se encuentren en el territorio nacional el ejercicio y disfrute pleno y efectivo de sus derechos fundamentales. Para ello, establece un sistema de protección integral sustentado en principios esenciales como la igualdad y no discriminación, el interés superior del niño, la prioridad absoluta, las obligaciones del Estado y de la familia, así como la participación de la sociedad.
A este marco de protección se suma nuestra Constitución. Es importante precisar que la Constitución dominicana vigente fue votada y proclamada el 27 de octubre de 2024 y publicada en la Gaceta Oficial núm. 11170, del 31 de octubre de 2024. En su artículo 56, relativo a la protección de las personas menores de edad, establece una responsabilidad compartida entre la familia, la sociedad y el Estado para garantizar el desarrollo integral y el ejercicio pleno de los derechos fundamentales de niños, niñas y adolescentes.
Desde mi experiencia profesional
Hablar de los derechos de la niñez tiene para mí una dimensión que trasciende el análisis de las leyes. A lo largo de mi ejercicio profesional he tenido el privilegio de observar esta realidad desde dos espacios distintos, pero estrechamente vinculados: como inspectora de trabajo y como docente.
Desde la inspección laboral he sido testigo de los esfuerzos realizados para prevenir y combatir el trabajo infantil y de la importancia que tiene la actuación institucional en la protección de niños, niñas y adolescentes. Desde las aulas, he tenido la oportunidad de aportar a la formación y sensibilización sobre los derechos de la niñez.
Estas dos experiencias me han permitido comprender que cada avance cuenta. El trabajo realizado ha sido significativo, pero proteger verdaderamente a la niñez exige constancia, educación, prevención y el compromiso permanente de toda la sociedad. Como miembros de esta, tenemos la obligación y el compromiso de velar por cada niño, niña y adolescente, convencidos de que, sin una protección integral de nuestra niñez, será imposible continuar avanzando como sociedad, pues garantizar hoy sus derechos y su desarrollo integral es también apostar por el futuro de nuestra sociedad.
Debemos destacar que hemos avanzado, pero aún nos queda un arduo camino por recorrer. Han sido décadas de construcción normativa y de cambios estructurales significativos, entre los cuales podemos mencionar la creación de tribunales especializados en la materia.
Los esfuerzos desarrollados para combatir el trabajo infantil han sido importantes, pero el desafío continúa. Es por ello que resulta necesario seguir profundizando las transformaciones estructurales que permitan enfrentar las causas que colocan a niños, niñas y adolescentes en condiciones de vulnerabilidad.
El desafío principal ha de ser garantizar que ningún niño, niña o adolescente vea comprometidos su derecho a la educación, la recreación y las oportunidades necesarias para su desarrollo integral por asumir responsabilidades laborales incompatibles con la protección que merece durante esta etapa de su vida, de conformidad con lo establecido en nuestra Constitución, los tratados internacionales y las leyes.
En este 29 de septiembre, conmemorar los derechos de la niñez debe significar mucho más que recordar una fecha. Debemos convertirla en una oportunidad para reconocer lo alcanzado, identificar lo pendiente y renovar nuestro compromiso colectivo para seguir protegiendo a nuestros niños, niñas y adolescentes, entendiendo que esta es una responsabilidad de todos.
Porque una sociedad que protege a su niñez no solo garantiza derechos en el presente, sino que también construye las bases de su propio futuro.
La autora es abogada, periodista, servidora pública, catedrática universitaria, Master en Derecho del Trabajo y la Seguridad social, Derecho Inmobiliario, Civil y Procesal Civil.