Santo Domingo.– El bolsillo de los ciudadanos dominicanos vuelve a ser el blanco de la política fiscal del sector energético. El Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM) notificó que, para la semana del 26 de septiembre al 2 de octubre de 2026, los carburantes experimentarán nuevas alzas. La gasolina premium subirá RD$3.00 por galón (fijándose en RD$353.10), la gasolina regular aumentará RD$2.00 (para costar RD$317.50), mientras que el gasoil óptimo registrará un alza de RD$4.00 (escalando a RD$306.10) y el gasoil regular incrementará RD$3.00 (vendiéndose a RD$270.80).
Las autoridades volvieron a escudarse en el argumento de la inestabilidad internacional en Medio Oriente y la navegación en el estrecho de Ormuz, asegurando que dispusieron RD$1,770.65 millones en subsidios para que las alzas no fueran peores. Por el momento, el Gas Licuado de Petróleo (GLP) y el Gas Natural se mantendrán congelados en RD$135.20 y RD$43.97, respectivamente.
⚖️ Línea Crítica: El mito de los subsidios ante el abuso de las alzas en cadena
Este nuevo esquema de precios deja al descubierto una cruda y preocupante realidad: la supuesta protección al consumidor es insostenible. El incremento dispuesto para esta semana no es un evento fortuito; constituye el segundo aumento consecutivo en menos de quince días. La verdadera estocada al bolsillo se produjo el pasado viernes 18 de septiembre, cuando la administración rompió agresivamente el periodo de estabilidad al aumentar RD$9.00 a la gasolina premium y RD$5.00 a la regular de un solo golpe.
Acumular aumentos en semanas consecutivas evidencia que el cacareado Plan Anticrisis, que según el Poder Ejecutivo suma más de RD$35,541 millones para amortiguar el impacto en la población, está haciendo agua. Para los choferes del transporte público, los comerciantes y las familias de a pie, la retórica de los subsidios millonarios se desvanece por completo al llegar a la estación de expendio. Estas alzas recurrentes actúan como un impuesto indirecto que encarece de inmediato los fletes de mercancías y los productos de la canasta básica familiar, ensanchando la brecha de pobreza en los sectores vulnerables bajo la eterna excusa de las crisis externas.