AGENCIA AP.-Se acabaron los bailes juguetones. Se terminaron las publicaciones burlonas y el “chicoeo” en las redes sociales. La selección de Bélgica ya guardó el champán, apagó la música de la celebración tras destrozar al anfitrión, Estados Unidos, y ha puesto la maquinaria a toda marcha. En el búnker de los Diablos Rojos en Los Ángeles no hay espacio para la distracción: el objetivo es prolongar su histórica travesía en este Mundial 2026, cueste lo que cueste.
El eco de la paliza 4-1 propinada a los estadounidenses en Seattle todavía resuena, pero el fútbol no tiene memoria. Tras superar una prueba de fuego ante Senegal con una remontada de esas que forjan el carácter de un campeón, y luego de borrar de la cancha al gigante norteamericano en los octavos de final, Bélgica se prepara para su verdadero examen de graduación: verse las caras este viernes en cuartos de final ante una España que marcha invicta y con paso de demolición.
Sin embargo, esta turbulenta y electrizante campaña mundialista ha despertado un monstruo dormido dentro del vestuario belga. Así lo dejó claro su muralla bajo los tres palos, Thibaut Courtois, quien aseguró que el grupo ha alcanzado un nivel de confianza brutal. Jugar con un estadio en contra, con la presión del local y silenciar a miles de fanáticos demostró que este equipo tiene el cuero duro y la mente fría para jugar su propio partido en cualquier escenario.
La política, el “Trump Dance” y la respuesta en la cancha
La previa del partido ante Estados Unidos estuvo cargada de una motivación indignada. La polémica decisión de la FIFA de levantar de forma sospechosa la tarjeta roja de la estrella norteamericana Folarin Balogun —tras una llamada directa de Donald Trump a Gianni Infantino— encendió la pólvora en el camerino europeo. Los Diablos Rojos no hablaron en los micrófonos; hablaron en el césped, desbordando por completo a los locales.
La celebración posterior fue pura catarsis. El momento más viral de la jornada dejó a todos con la boca abierta: varios jugadores belgas celebraron imitando el famoso y peculiar baile de Donald Trump, el mismo que atletas estadounidenses como Christian Pulisic han popularizado. ¿Provocación o ironía pura? El lateral Diego Moreira lo resumió con una sonrisa pícara: “Hay diferentes maneras de celebrar distintos goles. Solo celebramos la victoria”. Por su parte, Courtois, atrapado en el control antidopaje, se salvó de opinar del berrinche político, pero la estocada ya estaba dada.
Con el espíritu de Rusia 2018 en las venas
Bélgica no se anda con chiquitas. Incluso en la logística exigen la excelencia: acaban de mudar su sede de entrenamiento tras quejarse formalmente de que las canchas asignadas en la Universidad Loyola Marymount no cumplían con los estándares mínimos. Así de concentrados están.
Este viernes, el imponente SoFi Stadium de Los Ángeles será el escenario de una batalla épica. España llega como la gran favorita y con el arco invicto en lo que va de torneo, pero ese papel de víctimas les asienta de maravilla a los belgas. A Courtois no le asusta el reto y ya evoca el espíritu del Mundial de Rusia 2018, cuando eliminaron a la todopoderosa Brasil contra todo pronóstico.
Este equipo belga no es solo un puñado de estrellas individuales; es una auténtica manada que sabe sufrir, que cree hasta el último segundo y que tiene el colmillo afilado. El viernes sabremos si el baile de los Diablos fue solo una fiesta pasajera o el preludio de un golpe de Estado en el fútbol mundial. España está advertida.