Gonzalo Castillo. Imagen de Fuente externa.
Santo Domingo.– La aparente unidad con la que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) anunció la cancelación de su consulta interna ha durado apenas unas horas. El influyente dirigente y aspirante presidencial, Gonzalo Castillo, rompió el silencio este miércoles para manifestar públicamente su enérgico desacuerdo con la suspensión definitiva del proceso pautado para el 18 de octubre, desnudando una profunda crisis de insatisfacción y un choque de intereses en la alta marea del peledeísmo.
A través de un contundente mensaje difundido en sus plataformas digitales oficiales, el exministro de Obras Públicas fijó una postura de rebelión pasiva frente al dictamen de la Comisión Organizadora (CONAP), coordinada por Cristina Lizardo. “Queremos expresar nuestro desacuerdo con la decisión de la CONAP. No era lo que esperábamos. Pero como peledeístas disciplinados, acatamos esa decisión y la respetamos”, aseveró Castillo, dejando en claro que la postergación de la medición de simpatías hasta julio de 2027 fue un trago amargo digerido únicamente por obligación partidaria.
El temor al “Penco” y el repliegue estratégico de las carpas moradas
El desahogo público de Gonzalo Castillo desmonta la narrativa victimista con la que el PLD intentó justificar la suspensión basándose exclusivamente en el estrangulamiento de los escáneres de la Junta Central Electoral (JCE). Para los analistas políticos de Noticias En Línea RD, el rechazo de Castillo a esta medida confirma de forma fáctica que su estructura electoral se sentía ganadora para la jornada de octubre. Reclamar que su proyecto es hoy “un sentimiento mayoritario en la militancia” expone la legítima sospecha de que otras facciones internas —asustadas por el empuje financiero y de bases del “Penco”— presionaron para abortar la consulta utilizando la falta de equipos tecnológicos como el perfecto biombo logístico.
Al congelar el proceso por casi diez meses bajo el pretexto de los plazos legales, la cúpula del PLD no solo frena el dinamismo del partido, sino que castiga de forma deliberada a los precandidatos que ya habían invertido millonarios recursos en proselitismo territorial. La desafiante advertencia final de Castillo, sentenciando que “seguiremos trabajando y visitando cada territorio. No nos detendremos. Y cuando sea, vamos a ganar”, es una declaración de guerra fría dirigida a los estrategas de la Casa Nacional, confirmando que la carrera hacia la nominación presidencial del 2028 se librará bajo un clima de desconfianza mutua y con las garras afuera.