La publicación de los resultados oficiales del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA 2025) ha vuelto a encender con fuerza las alarmas y el debate nacional en torno a la efectividad de las políticas públicas y la inversión del 4 % del PIB en la calidad del sistema educativo dominicano. El informe global, divulgado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), vuelve a ubicar a la República Dominicana en el tercer lugar con la calificación más baja de América Latina, logrando superar únicamente los promedios de Paraguay y Guatemala en competencias fundamentales.
De acuerdo con los datos técnicos de la medición, coordinada localmente por el Instituto Dominicano de Evaluación e Investigación de la Calidad Educativa (IDEICE), el país obtuvo una puntuación de 361 puntos en Ciencias, 346 en Lectura y 339 en Matemática. Si bien el Ministerio de Educación (MINERD) y los estamentos oficiales resaltan que estas cifras muestran un avance modesto si se comparan históricamente con los preocupantes niveles registrados en el año 2018 (especialmente en el área de Ciencias, que subió 25 puntos), la realidad estadística frente a la última evaluación del 2022 demuestra un estancamiento lineal; Matemática y Ciencias se mantuvieron idénticas, mientras que el renglón de Comprensión Lectora registró un sensible retroceso de 6 puntos al bajar de 352 a 346.
Este panorama sitúa la media del estudiantado de 15 años drásticamente por debajo del promedio global de la OCDE, donde las referencias generales rondan los 482 puntos en Ciencias y los 461 en Lectura. Entidades de la sociedad civil ligadas al sector, como la Acción Empresarial por la Educación (EDUCA), advirtieron rápidamente que las cifras evidencian una preocupante brecha entre la escolaridad formal y el aprendizaje real obtenido en las aulas, señalando factores clave como el ausentismo escolar, las constantes interrupciones del calendario educativo y la falta de acompañamiento familiar crítico en las tareas académicas.
Por su parte, la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) reaccionó llamando a las autoridades gubernamentales a no caer en discursos “triunfalistas” por las ligeras mejorías respecto a épocas prepandemia. El gremio magisterial enfatizó que el verdadero reto radica en reestructurar de raíz las deficiencias de infraestructura, optimizar la formación docente y dotar a las escuelas públicas de herramientas pedagógicas actualizadas que permitan romper el rezago histórico de la región. Ante este duro choque de perspectivas, el MINERD anunció que usará los indicadores de PISA 2025 como base estructural para impulsar reformas curriculares profundas, en momentos donde la sociedad civil exige un régimen de consecuencias que traduzca el millonario presupuesto educativo en un verdadero desarrollo intelectual para la juventud dominicana.