Por: José Abreu (Periodista y director de Noticias en Línea RD)
La política de la ciudad de Nueva York no se define únicamente en los despachos de Washington ni en los salones de la asamblea en Albany; se consolida y se gana en el asfalto, ahí donde los hombres y mujeres que levantan, mueven y sostienen la economía imponen su voz. El reciente anuncio en Harlem, donde una poderosa coalición de ocho nuevos gigantes sindicales oficializó su respaldo unánime a la reelección del congresista Adriano Espaillat, no es un endoso cualquiera. Es, en esencia, una manifestación de poder político y social que redefine el panorama electoral rumbo a las primarias demócratas.
Ver alineados en un mismo bloque a sectores tan diversos como el transporte, la construcción, las telecomunicaciones y el sector público representa un blindaje estratégico descomunal. Hablamos de instituciones de la talla del Building & Construction Trades Council of Greater New York, comandado por Gary LaBarbera y que aglutina a más de 100,000 trabajadores especializados, o la histórica estructura de LIUNA NY. Cuando sindicatos que representan la espina dorsal del estado —como CSEA Local 1000, CWA District 1, el NYC District Council of Carpenters, RWDSU, Teamsters Local 237 y ATU Local 1056— deciden marchar en una misma dirección, están enviando un mensaje contundente: el liderazgo de Espaillat no es circunstancial, es un patrimonio de la clase trabajadora.

Este respaldo masivo se fundamenta en los hechos y en una trayectoria legislativa intachable. Espaillat, el primer dominicano estadounidense en llegar al Congreso federal, ha sabido traducir su origen en una defensa férrea de los derechos laborales, los salarios dignos y la canalización de inversiones federales. Su peso e influencia no se limitan a los Estados Unidos; su liderazgo internacional quedó demostrado cuando sirvió de puente y acompañó la agenda en la que la Alcaldía de Santiago recibió a la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, en visita oficial, un evento histórico para la Ciudad Corazón. No es fortuito que figuras de la talla de la gobernadora Hochul, el líder demócrata Hakeem Jeffries y la fiscal general Letitia James reafirmen su apoyo en total sintonía con el movimiento obrero neoyorquino.
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Para nosotros, los dominicanos, y para toda la comunidad hispana que representa un tercio de la fuerza laboral en áreas neurálgicas de la Gran Manzana, la figura de Adriano Espaillat trasciende las fronteras de su distrito. Su permanencia y fortaleza en Washington representa una garantía de respeto, representatividad y avance social. El rugido laboral escuchado en Harlem demuestra que la estructura de Espaillat está más sólida que nunca. Quienes pretendan apostar al desgaste o a divisiones en la base de la diáspora, hoy se topan de frente con un muro infranqueable construido por el sudor y el voto de la clase trabajadora. La ruta está trazada y el respaldo es absoluto.
