Por: Crusito Beltrán (Abogado)
Las muertes de mujeres a manos de sus parejas o exparejas consensuales deberían ser un motivo de vergüenza y afrenta social para cada uno de los dominicanos. Sin embargo, aunque resulte doloroso decirlo, todo parece indicar que nos estamos acostumbrando a este tipo de crimen.
De acuerdo con las estadísticas, entre enero y mayo del año en curso se cuentan 32 muertes de mujeres a manos de sus parejas o exparejas. Cada vez que una de ellas es ultimada, se generan lamentaciones y alharacas que solo duran tres días; luego, todo el mundo vuelve a su zona de confort y el asunto pasa al olvido hasta que malogren a la próxima.
Las políticas públicas para enfrentar este problema han sido ínfimas y las pocas que se han implementado han sido pésimas y erróneamente aplicadas. Si alguien lo duda, ahí están los resultados; solo hay que hacer una investigación seria sobre los feminicidios en el país.
Planteado el problema, surgen interrogantes a las cuales hay que darles respuestas sin más evasivas: ¿Qué hacer?, ¿cuándo hacerlo?, ¿cómo hacerlo? y ¿dónde hacerlo? Estas interrogantes deben ser respondidas y puestas en práctica de inmediato, o de lo contrario debemos declararnos fracasados como sociedad.
En sentido general, y avanzando posibles respuestas a lo planteado, es imperativo empoderar a la sociedad en todas sus estructuras, sin que quede un solo eslabón que no esté involucrado, para reducir este flagelo a su mínima expresión. El feminicidio es un crimen sin consecuencias posteriores para el agresor, pues casi por norma el homicida termina convirtiéndose en suicida, dejando detrás de sí la dolorosa tragedia de la orfandad.
Ante esto, el Ministerio de Cultura (MINC) y el Ministerio de Educación (MINERD) deben empoderar a los jóvenes para que formen grupos de teatro a nivel nacional. A través de simulacros y actuaciones teatrales, se pueden implementar programas de educación y concientización en las aulas, en los parques, en los recintos militares y en todas las instituciones públicas y privadas donde converja público de manera masiva. De esta forma se enseñará cuál es la familia modelo a la que aspiramos todos los dominicanos sensatos.
Asimismo, es urgente concientizar a las mujeres para que, ante cualquier indicio de violencia, den la voz de alarma. Pero para que esto funcione, debe haber verdaderos organismos oficiales capaces de responderles con eficacia, al tiempo que se trabaja de manera profunda en la salud mental de los dominicanos.
Recomiendo leer: Familiares de la adolescente Abril Mieses Puello, de 16 años de edad, exigieron justicia de manera categórica
La violencia de género no es más que un desprendimiento de la violencia generalizada que afecta a la sociedad dominicana en las últimas décadas. Enfrentar el problema de raíz podría tener un alto costo económico, pero nunca será tan alto como el valor de cada mujer que perdemos y la estela de huérfanos que le sigue. Debemos enfrentar el problema ahora, y no solo con penas, leyes y códigos que para poco han servido. Es muy lastimoso que nuestra imagen como nación se deteriore ante los ojos internacionales, pues nadie admirará ni apreciará a una sociedad que mata masivamente a sus mujeres.
