Las nuevas penas por daños a vehículos, agresiones en las vías públicas y conductas violentas podrían cambiar la vida de miles de dominicanos
Por José Abreu
Periodista y director de Noticias en Línea RD
Hace apenas unos días sostuve una conversación con el reconocido abogado y analista jurídico César Amadeo Peralta Ramírez. El encuentro fue casual, pero el contenido de la conversación merece ser escuchado con atención por toda la sociedad dominicana.
En medio del intercambio, el jurista me compartió una reflexión acompañada de explicaciones jurídicas sobre algunas de las disposiciones que entrarán en vigor con el nuevo Código Penal Dominicano, cuya aplicación está prevista para el próximo 6 de agosto.
Su mensaje fue directo: muchos ciudadanos podrían enfrentar consecuencias penales extremadamente graves por conductas que hoy consideran simples actos de ira, impulsividad o conflictos cotidianos.
Uno de los aspectos que más llamó la atención del abogado está relacionado con los daños causados a vehículos y propiedades.
Según explicó, los artículos 267 y 268 del nuevo Código Penal establecen sanciones para quienes destruyan, dañen o ataquen bienes ajenos. Esto incluye desde lanzar piedras contra un vehículo hasta provocar choques intencionales o causar daños materiales de manera deliberada.
A simple vista, algunos podrían pensar que se trata de delitos menores. Sin embargo, la realidad jurídica es mucho más compleja.
Si una persona ocasiona daños materiales a un vehículo, podría enfrentar penas de prisión que oscilan entre uno y dos años. Pero el escenario cambia drásticamente cuando dentro del vehículo se encuentra una persona y la agresión provoca lesiones físicas.
En esos casos, las penas podrían elevarse hasta alcanzar entre diez y veinte años de prisión.
Y si como consecuencia de la agresión se produce la muerte de una persona, la sanción podría llegar hasta los treinta años de prisión.
La advertencia no es menor.
En República Dominicana son frecuentes los incidentes de tránsito motivados por discusiones, actos de celos, conflictos personales o enfrentamientos entre conductores. También son comunes las agresiones contra vehículos durante protestas, riñas o altercados en espacios públicos.
Lo que antes muchos consideraban una simple imprudencia ahora podría convertirse en una condena que cambie para siempre el destino de una persona.
El jurista también recordó que las consecuencias no terminan con la pena principal.
El nuevo régimen penal contempla la posibilidad de acumulación de sanciones cuando concurren varios delitos. En determinadas circunstancias podrían agregarse cargos relacionados con asociación de malhechores, daños agravados o cualquier otra infracción vinculada al hecho principal.
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A ello se suman las responsabilidades civiles derivadas del daño causado.
Quien destruya un vehículo o lesione a una persona no solo podría enfrentar prisión. También podría ser condenado al pago de indemnizaciones, daños y perjuicios, costas judiciales y honorarios legales.
Incluso, en determinados casos, podrían aplicarse sanciones complementarias como la confiscación del vehículo utilizado para cometer el hecho o la suspensión temporal del ejercicio profesional cuando la profesión haya sido utilizada para facilitar la infracción.
La enseñanza es clara.
El nuevo Código Penal no solo busca castigar. También procura enviar un mensaje preventivo a la ciudadanía: los actos impulsivos, la violencia y la destrucción de bienes tendrán consecuencias mucho más severas que en el pasado.
La reflexión final de César Amadeo Peralta Ramírez merece ser reproducida.
Antes de opinar sobre el nuevo Código Penal, los ciudadanos deberían leerlo.
Porque conocer la ley no solo ayuda a comprender los cambios que experimenta el país. También puede evitar que una decisión tomada en segundos termine convirtiéndose en años de prisión.
La educación jurídica sigue siendo una de las herramientas más eficaces para prevenir conflictos, proteger derechos y construir una sociedad más responsable.
Y en esta nueva etapa del sistema penal dominicano, ignorar la ley podría resultar demasiado costoso.
