Por: David Ricardo Brens de León (Abogado y periodista)
El pasado viernes 29 de mayo, la jueza Altagracia Ramírez, del Cuarto Juzgado de la Instrucción del Distrito Nacional, emitió un histórico auto de no ha lugar a favor de seis imputados en el denominado caso Calamar. Esta decisión judicial favoreció de manera directa a figuras de primer orden político como Gonzalo Castillo y José Ramón Peralta.
La magistrada Ramírez dictaminó que la acusación presentada por el Ministerio Público carecía de los elementos de prueba necesarios para iniciar un juicio de fondo formal por presunta malversación de fondos y desfalco al Estado. En una detallada resolución que supera las 3,400 páginas, la jueza expuso con rigurosidad jurídica que la falta de evidencias suficientes impedía vincular al exministro de Obras Públicas con el entramado delictivo señalado, dejando al descubierto marcadas incongruencias jurídicas en el expediente acusatorio.
Tras enfrentar un proceso judicial de más de cinco años que lo mantuvo bajo la lupa pública en la etapa preparatoria y preliminar, Gonzalo Castillo ha ganado su primera y más crucial batalla en los tribunales. Aunque los titulares del Ministerio Público, los magistrados Yeni Berenice Reynoso y Wilson Camacho, manifestaron de inmediato que recurrirán la decisión, analistas jurídicos coinciden en que revocar este dictamen resultará sumamente complejo, especialmente en lo relativo al exfuncionario de Obras Públicas.
Las implicaciones de su retorno al ruedo político
El fallo emitido por el Cuarto Juzgado de la Instrucción, sumado a la reciente devolución de la visa estadounidense a Castillo, no solo disipa su panorama ante los tribunales, sino que despeja el camino para el relanzamiento de su carrera política. Libre de ataduras procesales y de restricciones migratorias, el exministro durante las administraciones de Danilo Medina queda constitucional y legalmente habilitado para optar por la nominación presidencial dentro del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Bajo este nuevo escenario, Gonzalo Castillo se perfila desde ya como el virtual candidato presidencial de la organización morada para el certamen electoral de 2028. Diversos estudios de opinión y mediciones internas posicionan al exministro con un amplísimo margen de ventaja —que supera los 30 puntos porcentuales— por encima de su más cercano contendor interno, Francisco Javier García Fernández, quien no ha logrado consolidar un respaldo mayoritario en las bases peledeístas a pesar de un activismo constante durante los últimos dos años.
Con Gonzalo Castillo recorriendo nuevamente las calles del país, el tablero político nacional experimenta un giro radical de 360 grados, alterando la correlación de fuerzas entre las principales parcelas partidarias. Su paso por la gestión pública consolidó en franjas importantes de la población la percepción de un gerente eficiente y enfocado en soluciones pragmáticas, especialmente recordado por los programas de asistencia y seguridad vial en las autopistas dominicanas.
El nuevo escenario de cara a 2028
El retorno de Castillo al escenario de competencia eleva de forma significativa las proyecciones de crecimiento del PLD. Desde ya se anticipa un escenario sumamente reñido en el que ninguna organización política contaría con los números requeridos para asegurar un triunfo en primera vuelta. En este contexto, el PLD se erige como una pieza clave y decisiva para la definición del poder, independientemente de la posición que ocupe en el orden de votación.
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A pesar de la distancia cronológica que nos separa del 2028, la política se rige por las realidades del presente. La incursión de Castillo promete dinamizar las estructuras de militancia del PLD, en momentos donde el oficialista Partido Revolucionario Moderno (PRM) experimenta el desgaste natural del ejercicio gubernamental, sumado al desencanto de sectores de las bases que reclaman mayor atención, y mientras la Fuerza del Pueblo (FP) enfrenta un panorama de alta competencia por el electorado opositor. Los próximos días serán decisivos para evaluar la velocidad con la que este reajuste de fuerzas impactará el sistema de partidos en la República Dominicana.
