Mientras seis altos funcionarios abandonan la gestión pública para buscar la candidatura de 2028, el país padece el colapso del sistema eléctrico, el hambre inflacionario, la delincuencia desatada y la exclusión de mas 100,000 niños dominicanos de las aulas.
Santo Domingo. (Noticias En Línea RD).– El panorama político nacional asiste a un espectáculo de desconexión social sin precedentes. Este domingo, mientras el presidente Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno (PRM) formalizan el inicio anticipado de la carrera por la sucesión presidencial de 2028, la sociedad dominicana se encuentra atrapada en una realidad de precariedad que desmiente de forma tajante el relato oficial del “cambio”. La apertura prematura del proselitismo interno oficialista —obligado por el impedimento constitucional de Abinader para repostularse— no es un ejercicio de madurez democrática; es una afrenta a un país acorralado por el colapso de los servicios públicos esenciales tras seis años de promesas incumplidas.
La pasarela de aspirantes gubernamentales, compuesta por Carolina Mejía, David Collado, Wellington Arnaud, Raquel Peña, Guido Gómez Mazara y Tony Peña Guaba, plantea una grave encrucijada institucional. Resulta éticamente inaceptable que los funcionarios responsables de las áreas más críticas del desarrollo nacional decidan desviar sus esfuerzos, tiempo y las estructuras del Estado hacia campañas de posicionamiento particular, precisamente cuando la República Dominicana atraviesa una crisis multidimensional en cuatro ejes fundamentales que hoy pasamos a fiscalizar:
1. El colapso del sistema eléctrico: Tarifas de terror y apagones
El apagón en vivo sufrido recientemente por la vicepresidenta Raquel Peña mientras intentaba justificar las altas facturaciones es la metáfora perfecta de la quiebra energética nacional. Tras seis años de gestión, las distribuidoras de electricidad (EDEs) han sumido al país en una era de apagones, con técnicos insostenibles. Los ciudadanos no solo padecen interrupciones consecutivas en medio del calor sofocante del polvo del Sahara, sino que son víctimas de estafas legalizadas a través de facturas duplicadas bajo la justificación de “escalones tarifarios”. El PRM prometió resolver la crisis estructural del sector, pero hoy tenemos un sistema eléctrico deficiente, deficitario y que quiebra diariamente los presupuestos de las familias, los negocios y las pequeñas empresas dominicanas.
2. Inflación galopante: el hambre devora la canasta alimentaria
El alto costo de la vida se ha consolidado como la principal tortura de la clase trabajadora dominicana. La canasta alimentaria familiar se ha vuelto inalcanzable, registrando alzas desproporcionadas en los productos de primera necesidad como el arroz, las habichuelas, el aceite, los huevos y el pollo. La agricultura nacional atraviesa un estado de abandono por la falta de asistencia técnica estatal, plagas sin control y la flexibilización de permisos de importación que arruinan al productor local. Mientras el Banco Central pregona frías cifras macroeconómicas del 4.5% de crecimiento, la realidad en los colmados y supermercados es de escasez y hambre, ensanchando la brecha de desigualdad social donde las familias ya no trabajan para progresar, sino para intentar subsistir.
3. Traición educativa: el pacto de la CEPAL y el destierro de la niñez dominicana
El escándalo de mayor gravedad institucional radica en el desmantelamiento del sistema de educación pública. La reciente confesión de la CEPAL reveló un vergonzoso compromiso internacional del presidente Abinader ante la ONU para otorgar de forma preferencial cerca de 148,000 cupos escolares a niños de origen haitiano indocumentados en las escuelas del Estado dominicano.
Este pacto de “solidaridad internacional” coincide de manera perversa con el demoledor informe de la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), que califica el ciclo escolar actual como un rotundo “fracaso”, denunciando que más de 100,000 niños dominicanos han quedado fuera de las aulas y desterrados del sistema por falta de cupos, aulas destruidas y planteles sin reparar durante el verano. Mientras el Minerd devuelve “lleno de risa” hasta RD$22,000 millones de presupuesto subejecutado por pura incapacidad técnica, los impuestos locales financian la educación extranjera y dejan a la infancia dominicana en las calles realizando trabajo informal.
4. Inseguridad ciudadana: el miedo se adueña de las calles
La promesa de campaña de reducir la delincuencia mediante un publicitado plan de reforma policial ha quedado reducida a cenizas. La inseguridad ciudadana mantiene bajo un estado de sitio psicológico a los barrios y provincias del país. Episodios sangrientos como el reciente ataque selectivo en Cotuí, donde pistoleros motorizados asesinaron de un disparo en la cabeza al joven Estarlyn Meza de 21 años y balearon a otras dos personas frente a una iglesia católica, demuestran que el sicariato, los atracos a plena luz del día y el microtráfico operan con total impunidad. El ciudadano común vive con el temor constante de ser asaltado en el transporte o en la puerta de su hogar, evidenciando el fracaso rotundo de los cuadrantes policiales y de las mesas de seguridad ciudadana.
Conclusión: el evaluador no puede ser juez y parte
Ante este desolador panorama de deterioro estructural, la sociedad dominicana observa con profunda indignación cómo la cúpula oficialista inicia un “debate interno de propuestas” enfocado exclusivamente en retener el poder en 2028. El verdadero y urgente desafío para el presidente Abinader no es fungir como un árbitro amigable para contener los celos políticos entre Carolina Mejía y David Collado; su obligación constitucional es detener de inmediato la desarticulación del tren gubernamental.
Los recursos del 4% para la educación, los fondos de asistencia social y los presupuestos de las EDEs no pueden convertirse en el combustible financiero de campañas anticipadas. La República Dominicana no tolerará dos años de parálisis administrativa ni pañitos de agua tibia. Si el cambio prometido se tradujo en apagones, inflación, exclusión escolar y miedo, el PRM corre el riesgo de que la madurez democrática que hoy pregona se transforme, de manera rotunda, en un revés electoral implacable en las urnas por parte de un pueblo que ya se cansó de esperar.