Por José Abreu
Director de Noticias En Línea RD
Santo Domingo, RD.-La suspensión del conversatorio que estaba previsto con el empresario y comunicador Santiago Matías, conocido como “Alofoke”, en la Universidad del Caribe (UNICARIBE), ha generado un debate que, más allá de las posiciones encontradas, merece ser observado con serenidad y sin apasionamientos.
En mi participación de este viernes en el programa Vozz Matutina, planteé una reflexión que considero importante: una cosa es reconocer las limitaciones de Santiago Matías en materia de formación académica y otra muy distinta desconocer la experiencia y el impacto que ha alcanzado como creador de contenidos.
Matías no es un académico ni debe ser presentado como tal. Su trayectoria se ha desarrollado fundamentalmente en los medios, el entretenimiento, las plataformas digitales y el emprendimiento. Pero sería difícil negar que ha logrado convertirse en un referente de la creación de contenidos, no solamente en República Dominicana, sino dentro de un fenómeno comunicacional que ha trascendido fronteras.
Y precisamente ahí estaba, a mi entender, el valor del conversatorio.
Los estudiantes de UNICARIBE no necesariamente tenían que acudir a ese encuentro para escuchar a alguien que tuviera todas las respuestas o para asumir como válidas sus posiciones. Podían acudir para escucharlo, preguntarle, cuestionarlo y conocer de primera mano cómo una persona con una formación distinta a la académica tradicional logró construir una plataforma de comunicación con enorme capacidad de influencia.
Esa experiencia también enseña.
Las universidades tienen la responsabilidad de formar profesionales con conocimientos, pero también con capacidad para analizar la realidad que los rodea. Y esa realidad hoy está marcada por las redes sociales, los creadores de contenido, las nuevas plataformas de comunicación y las figuras que han conseguido construir grandes comunidades digitales.
Por eso considero que los jóvenes que esperaban participar en ese conversatorio pudieron haber perdido una oportunidad interesante.
No porque Santiago Matías deba ser considerado un referente académico, sino porque representa un fenómeno que merece ser estudiado y comprendido.
Incluso las críticas hacia su estilo, sus expresiones o determinadas posiciones públicas podían convertirse en elementos para enriquecer el intercambio. Un conversatorio universitario no tiene necesariamente que ser un acto de reconocimiento al invitado. Puede ser, precisamente, un espacio para preguntarle, confrontar sus ideas y permitir que los estudiantes construyan sus propias conclusiones.
También entiendo que UNICARIBE tiene plena facultad para establecer sus criterios y determinar qué actividades realiza dentro de su comunidad universitaria. Esa decisión institucional merece respeto.
Pero creo que el episodio deja una reflexión de mayor alcance: ¿debemos excluir de los espacios universitarios a quienes no poseen una formación académica tradicional, aunque hayan alcanzado una experiencia e influencia significativa en otros campos?
Mi respuesta es que debemos tener cuidado con esa forma de pensar.
La universidad debe ser un espacio abierto al conocimiento, al intercambio y al pensamiento crítico. Escuchar a alguien no significa respaldarlo; conversar con alguien no significa asumir sus posiciones.
A veces, precisamente, la mejor manera de formar criterio es escuchar a quienes pensamos que están equivocados y tener la capacidad de cuestionarlos con argumentos.
Santiago Matías tiene fortalezas y debilidades, como cualquier figura pública. Pero su capacidad para construir audiencias, generar contenidos y convertirse en un actor de influencia dentro de la comunicación contemporánea es un fenómeno que no debería ser ignorado.
Por eso, más que quedarnos en la controversia generada por la suspensión del conversatorio, deberíamos aprovechar este episodio para reflexionar sobre el papel que deben desempeñar nuestras universidades frente a los nuevos referentes de la sociedad digital.
Porque al final, los jóvenes no necesitan solamente que les digamos qué pensar.
Necesitan espacios donde puedan escuchar, preguntar, cuestionar y aprender a pensar por sí mismos.
Y, desde esa perspectiva, considero que los estudiantes de UNICARIBE pudieron haber perdido una oportunidad.