Prichard Colón (izquierda) pelea contra DAniel Calzada en la división de los medianos el sábado 11 de abril de 2015 (AP Foto/Mary Altaffer, archivo)
El excampeón puertorriqueño falleció a los 33 años, casi 11 años después de sufrir una devastadora lesión cerebral en la única derrota de su carrera profesional. Su historia vuelve a poner sobre la mesa los riesgos y las responsabilidades que rodean al boxeo.
San Juan, Puerto Rico.-El mundo del boxeo vuelve a vestirse de luto. El excampeón puertorriqueño Prichard Colón, una de las jóvenes promesas que en su momento fueron señaladas como posibles futuras figuras del pugilismo internacional, falleció a los 33 años, casi 11 años después de sufrir una grave lesión cerebral durante una pelea que cambió para siempre el rumbo de su vida.
La muerte de Colón fue confirmada por su padre, Richard Colón, y posteriormente lamentada públicamente por organismos internacionales como el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) y la Organización Mundial de Boxeo (OMB).
Pero la historia de Prichard Colón no puede resumirse en una derrota ni en una muerte ocurrida más de una década después. Su caso representa una de las historias más dolorosas de los últimos años dentro del boxeo profesional: la de un joven que llegó al ring como una de las grandes promesas de Puerto Rico y que terminó pasando el resto de su vida bajo las consecuencias de una lesión cerebral sufrida durante una pelea.
De una carrera ascendente a una tragedia
Colón nació el 19 de septiembre de 1992 y comenzó a llamar la atención desde sus primeros años como boxeador. Como profesional construyó un impresionante récord de 16 victorias, 13 de ellas por nocaut, antes de llegar a la pelea que terminaría convirtiéndose en el último combate de su carrera.
A sus 23 años, Colón permanecía invicto y era considerado un prospecto con condiciones para alcanzar grandes escenarios del boxeo mundial.
Su carrera, sin embargo, quedó abruptamente interrumpida el 17 de octubre de 2015, cuando enfrentó al estadounidense Terrel Williams en la EagleBank Arena de Fairfax, Virginia.
Aquella noche estaba programada una pelea a 10 asaltos en la categoría superwelter. Colón llegó con un récord de 16-0 y la confianza de quien había construido una carrera ascendente. Nunca volvería a combatir profesionalmente.
Una pelea marcada por los golpes ilegales
Durante el combate, Colón recibió en varias ocasiones golpes en la parte posterior de la cabeza, conocidos en el boxeo como rabbit punches, una acción prohibida por las reglas debido al riesgo que representa para el cerebro y la médula espinal.
Los reportes de la época señalan que Colón manifestó al árbitro Joe Cooper su preocupación por los golpes recibidos en la parte posterior de la cabeza. Incluso hubo momentos en los que el púgil tuvo que detenerse para recuperarse. El árbitro llegó a descontar un punto a Williams por uno de esos golpes, pero el combate continuó.
En el séptimo asalto, Colón volvió a caer después de recibir impactos en esa zona y mostró señales de malestar. A pesar de ello, permaneció en la pelea.
La situación alcanzó su punto crítico en el noveno asalto.
Colón fue derribado y posteriormente regresó a su esquina. Sus entrenadores comenzaron a quitarle los guantes, aparentemente bajo la creencia de que el combate había terminado. Al no poder volver a colocárselos a tiempo, el árbitro descalificó al puertorriqueño antes del décimo y último asalto.
Así terminó oficialmente la pelea: Colón perdió por descalificación y sufrió la primera y única derrota de su carrera profesional.
Pero lo ocurrido después sería mucho más grave.
El drama comenzó cuando terminó la pelea
Colón abandonó el cuadrilátero por sus propios medios y caminó hacia los vestidores. Poco después comenzó a sentirse mal, presentó mareos, vomitó y terminó desplomándose.
Fue trasladado de emergencia a un hospital, donde los médicos diagnosticaron una hemorragia cerebral y un hematoma subdural, una acumulación de sangre que ejercía presión sobre el cerebro y que requirió una intervención quirúrgica de emergencia.
La operación consiguió salvarle la vida, pero la lesión había sido devastadora.
Colón permaneció 221 días en coma. Cuando finalmente despertó, las consecuencias neurológicas eran severas y su vida quedó marcada por una dependencia permanente de cuidados, terapias y asistencia familiar.
El boxeador que alguna vez había subido al cuadrilátero buscando convertirse en campeón mundial pasó a librar una batalla completamente diferente: una lucha diaria por sobrevivir y enfrentar las secuelas de aquella noche.
Una familia dedicada a su cuidado
Durante más de una década, la familia de Colón permaneció a su lado.
Sus padres, Richard y Nieves Colón, asumieron un papel fundamental en su cuidado y en la difusión de su historia. La familia compartió durante años la evolución del exboxeador y recibió muestras de solidaridad de aficionados, deportistas y organizaciones relacionadas con el boxeo.
La vida de Prichard después de la lesión estuvo marcada por terapias y cuidados constantes. Su historia terminó convirtiéndose en un símbolo de resistencia y, al mismo tiempo, en un recordatorio de las consecuencias que pueden producirse cuando una lesión cerebral ocurre dentro de un deporte de contacto.
En 2021, el Consejo Mundial de Boxeo lo reconoció como campeón honorario, un homenaje a su trayectoria y a la fortaleza demostrada durante los años posteriores al accidente.
Una tragedia que también abrió interrogantes
El caso de Colón generó desde el principio cuestionamientos sobre el manejo de la pelea, la actuación arbitral y la atención médica alrededor del combate.
Las autoridades de Virginia anunciaron una investigación sobre el incidente y las circunstancias relacionadas con la lesión. Además, la familia inició posteriormente acciones legales relacionadas con el caso.
Sin embargo, más allá de las responsabilidades individuales que pudieran discutirse en el ámbito deportivo o judicial, la tragedia dejó una pregunta mucho más amplia:
¿Hasta dónde debe llegar la responsabilidad de quienes están alrededor de un boxeador cuando existen señales evidentes de una posible lesión cerebral?
El boxeo exige resistencia, valentía y capacidad para soportar el castigo. Pero precisamente por tratarse de un deporte donde los golpes a la cabeza forman parte esencial de la competencia, la detección temprana de una lesión y la decisión de detener un combate pueden marcar la diferencia entre una recuperación y una tragedia irreversible.
El último combate terminó hace 11 años; la batalla de Colón continuó
Para Prichard Colón, la campana que puso fin a aquella pelea nunca significó realmente el final del combate.
Su carrera profesional terminó aquella noche. Su vida, en cambio, continuó durante casi 11 años bajo unas condiciones completamente diferentes a las que había imaginado.
Murió a los 33 años, después de haber pasado buena parte de su adultez enfrentando las consecuencias de aquella lesión cerebral.
La causa específica de su fallecimiento no había sido divulgada públicamente al momento de conocerse la noticia.
El recuerdo de una promesa que no pudo llegar a campeón
Antes de aquella noche, Colón era un boxeador invicto, con potencia, juventud y una carrera que parecía destinada a grandes escenarios.
Terminó con un récord de 16 victorias y una derrota, pero su historia no debería quedar definida por ese 16-1.
La verdadera dimensión de Prichard Colón está en todo lo que ocurrió después.
Su nombre quedó asociado a una de las tragedias más estremecedoras del boxeo moderno y a una historia familiar de sacrificio, amor y perseverancia que se prolongó durante más de una década.
Hoy, mientras el mundo del boxeo lamenta su partida, también queda abierta una reflexión sobre la necesidad de proteger a los atletas y actuar con máxima responsabilidad ante cualquier señal de trauma cerebral.
Porque en el boxeo una pelea puede durar 10 o 12 asaltos.
Pero las consecuencias de un golpe mal recibido pueden durar toda una vida.
Y Prichard Colón vivió, durante casi 11 años, las consecuencias de aquella noche que comenzó como una pelea más y terminó convirtiéndose en el momento que cambió para siempre su historia.