Por Delvis Santos
REDACCIÓN CENTRAL (Noticias En Línea RD).– Los recientes movimientos dispuestos por el Poder Ejecutivo, a través de los decretos 552-26 y 553-26, a mi juicio, tienen una lectura política que va mucho más allá de una simple reorganización administrativa.
Mi principal observación está en el movimiento de Víctor Pichardo, Héctor Porcella y José Castillo, dirigentes vinculados al entorno del proyecto político de David Collado, quienes pasan de posiciones con una importante capacidad de influencia dentro del territorio nacional a funciones relacionadas con el servicio exterior.
No se trata de desconocer la importancia de representar al país en el extranjero. El punto es otro: no es lo mismo dirigir una institución dentro de la República Dominicana, con estructura administrativa, recursos, amplias nóminas y capacidad de articulación política, que ejercer una función consular fuera del territorio nacional.
Desde mi perspectiva, este reacomodo reduce considerablemente el radio de acción interna de estas figuras.
Y aquí está la lectura política que considero inevitable: si estos dirigentes formaban parte de un entorno que podía aportar estructura y capacidad operativa al proyecto de David Collado, sacarlos de instituciones estratégicas y colocarlos fuera del país puede terminar debilitando, al menos en términos de estructura política interna, las posibilidades de ese proyecto.
Por eso sostengo mi planteamiento: algo le quieren decir a David Collado y a su proyecto político desde Palacio.
Ahora bien, no afirmo que exista una ruptura ni una decisión formal contra ese proyecto. Sería prematuro asegurarlo. Lo que sí observo es un reacomodo que modifica los espacios de poder y reduce la capacidad de determinados dirigentes para operar políticamente dentro del territorio nacional.
Los decretos también contemplan cambios en áreas estratégicas como aviación civil, infraestructura aeroportuaria, mercados agropecuarios, servicio exterior e INAIPI.
Para mí, la pregunta fundamental no es solamente quién entra y quién sale de cada institución. La verdadera pregunta es quién gana capacidad de estructura, quién la pierde y qué mensaje está enviando el Gobierno dentro de su propio partido.
El tiempo terminará confirmando si estamos ante una simple reorganización administrativa o frente a una jugada política cuidadosamente calculada de cara a los escenarios que vienen.