SANTO DOMINGO.– La ambiciosa reforma del cuerpo del orden ha entrado en una fase de severo cuestionamiento por sus propios arquitectos. Manuel María Mercedes y el reverendo Fidel Lorenzo Merán, antiguos miembros de la Comisión para la Transformación y Profesionalización de la Policía Nacional, revelaron que el proceso se encuentra estancado debido a que la cúpula policial boicoteó e ignoró las principales recomendaciones estructurales entregadas al Poder Ejecutivo.
Ambos juristas y líderes sociales coincidieron en que el presidente Luis Abinader cometió un grave error estratégico al asumir la dirección personal de las mesas de seguridad ciudadana, exponiendo directamente su figura y credibilidad ante una crisis institucional que no da tregua.
El boicot interno y la simulación del alto mando
Según denunciaron en el programa D´AGENDA (Telesistema Canal 11 / TV Quisqueya), los altos mandos de la Policía Nacional ejecutaron una resistencia pasiva durante todo el proceso. Mientras de cara al público y al mandatario simulaban apoyar los cambios, en la práctica blindaron la institución para evitar cualquier fiscalización.
Depuración simulada: La comisión propuso una evaluación de desempeño y depuración profunda “de arriba hacia abajo” en el primer año. Debía ejecutarla un organismo externo internacional independiente (similar al modelo del Mossad de Israel). Nunca se hizo.
Resistencia técnica: Cuando se contrataban especialistas internacionales para impartir seminarios de modernización, los propios oficiales locales pretendían actuar como los instructores, negándose a reconocer las debilidades operativas de la uniformada.
Escuelas aisladas: Se recomendó unificar y centralizar las cerca de 200 escuelas de formación dispersas que operaban como feudos independientes. En su lugar, el gobierno habilitó un centro en Río San Juan, calificado por Mercedes como una zona apartada y de muy difícil supervisión.
Un error táctico: El desgaste de la figura presidencial
Para el reverendo Fidel Lorenzo Merán, expresidente de CODUE, que el presidente Abinader encabece personalmente la Fuerza de Tarea conjunta cada lunes en el Palacio de la Policía es un síntoma de debilidad en el gabinete y un error político mayúsculo.
“Cuando un líder de Estado debe intervenir personalmente de forma semanal, es porque ya no cuenta con funcionarios capaces de ejecutar la tarea. Después que el presidente va en persona, ya no queda a quién enviar. Al sentarse en esa mesa con los mismos sectores que se niegan a cambiar, Abinader termina asumiendo la responsabilidad política directa del fracaso de la iniciativa”.
Manuel María Mercedes, presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), reforzó esta tesis señalando que el mandatario ha quedado “atrapado” en un círculo vicioso. Mientras el presidente sesiona en el Palacio Policial, la realidad en las calles muestra un panorama alarmante: cerca de 600 personas —en su mayoría jóvenes— han muerto a manos de agentes en supuestos “intercambios de disparos”, los cuales Mercedes tildó directamente como ejecuciones extrajudiciales.
“La fiebre no está en la sábana”: Ministros y leyes son solo cosmética
Los excomisionados advirtieron a la opinión pública que la profunda crisis de seguridad ciudadana y brutalidad policial no se va a resolver con medidas cosméticas, tales como la destitución de la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, o la remoción del director general de la institución, el mayor general Andrés Cruz Cruz.
Lorenzo Merán enfatizó que el desfile de ministros y directores en los últimos años demuestra que el problema es estructural. De igual forma, Mercedes calificó de “vergüenza” la velocidad con la que el Senado aprobó una reforma a la Ley Orgánica policial con más de 300 artículos en un solo día, sin consenso ni consultas públicas, utilizando la indignación popular como un catalizador político.
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La conclusión de los expertos es tajante: la reforma policial hoy es solo teoría, las recomendaciones de la sociedad civil cayeron en el vacío y el esfuerzo terminó convertido en una cortina de humo que agrava la indignación de la sociedad dominicana.