"José Acosta, comerciante del Mercado Modelo, ofrece declaraciones exclusivas a NoticiasEnlineaRD sobre la drástica caída en las ventas de pollo debido a la falta de circulante en las calles."
ANÁLISIS DEL DIRECTOR JOSE ABREU
El relato oficial de la economía dominicana ha entrado en una contradicción insostenible para el ciudadano que vive de un salario. Desde las altas esferas del Poder Ejecutivo se emite de manera constante un llamado a la comprensión, un ruego colectivo para que la sociedad “se apriete el cinturón” y asuma con resignación los azotes de la inflación internacional y las tensiones en Medio Oriente. Sin embargo, la terca realidad callejera demuestra que el sacrificio en la República Dominicana no es una carga compartida: es un peso exclusivo de la clase media y trabajadora, mientras el aparato gubernamental opera en una eterna fiesta de gasto corriente y clientelismo político.
Esta flagrante desconexión con la realidad no solo la padece el ciudadano común en los mostradores de los comercios; ha sido validada por el más duro y sagrado de los juicios públicos. Durante la tradicional proclamación del Sermón de las Siete Palabras en la Catedral Primada de América, la Iglesia católica alzó un grito de auxilio y denuncia que retumbó en todo el país. El reverendo padre Juan Evangelista Rivas Morillo, al reflexionar sobre la sexta palabra de Jesucristo, desnudó los males sociales que el discurso oficial intenta maquillar, asegurando que “a pesar de los avances económicos, una parte significativa de la población vive en pobreza multidimensional”.
Para el ciudadano de a pie, la indignación social no nace únicamente de ver cómo el Banco Central reporta una inflación interanual acumulada de 5.11 %, sino del profundo pozo de desigualdad que la Iglesia ha puesto bajo la lupa. El discurso del “sacrificio estatal” a través de los subsidios se desploma cuando se recuerda que este pueblo pasó casi dos años pagando combustibles a precios de emergencia, mientras el barril de petróleo de Texas (WTI) colapsaba en los mercados mundiales a rangos mínimos de entre 55 y 65 dólares. ¿Dónde se depositaron esos cientos de miles de millones de pesos extraídos en exceso de los bolsillos dominicanos? El silencio oficial ante esta pregunta es la primera gran mentira de la narrativa económica actual.
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Paso a Paso: La anatomía de la incongruencia estatal
1: El golpe en las estaciones de servicio. El Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes (MICM) aplica alzas implacables que tocan los RD$8.00 y RD$9.00 pesos por galón. El padre Rivas Morillo lo sentenció con claridad en el púlpito: “Ahora se suma el alza de los precios de la gasolina que encarece todo, el desempleo y los bajos salarios para cubrir la canasta básica”.
2: El colapso de la canasta básica. El flete logístico encarece los productos esenciales en colmados y mercados populares, asfixiando el presupuesto doméstico. La Iglesia denunció que el alto costo de la vida está destrozando la economía de las familias dominicanas, en un entorno donde los bajos salarios no cubren la alimentación elemental.
3: El desborde de las botellas y las nóminas. Mientras el presidente pide austeridad, el gasto público se elevó un 87.5 % entre 2019 y 2025. El gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) nombra un promedio diario de 96 personas en la administración pública, inflando la plantilla estatal con fines puramente electorales y clientelares, al tiempo que el Sermón de las Siete Palabras de la Iglesia denuncia que la corrupción y la impunidad en las instituciones siguen siendo un tema de gran preocupación social.
4: Carencia en servicios esenciales y “pensiones para los compañeros”. Fondos públicos que deberían ir destinados a paliar las graves deficiencias que la Iglesia denunció en los sistemas de salud y educación dominicanos, o a frenar la delincuencia, la inseguridad y los feminicidios, se desvían en masa mediante pensiones especiales e inmerecidas para financiar el activismo partidario del oficialismo.
El despertar de una ciudadanía vigilante
La paciencia de un pueblo tiene límites, y el cansancio emocional frente al futuro es evidente en los mostradores de los comercios. No es posible pedirle paciencia a un dueño de negocio en Cristo Rey con tarifas eléctricas triplicadas. Para los vendedores de carne blanca en el Mercado Modelo la situación es crítica, tal como planteó el señor José Acosta, propietario de un puesto de pollos al por mayor y detalle, asegurando que las amas de casa han desaparecido de los pasillos. “No hay dinero, las ventas han bajado considerablemente por la falta de cuarto”, puntualizó Acosta al ser entrevistado por un equipo de NoticiasEnlineaRD . Ni se puede ignorar el llamado del prelado católico a frenar el maltrato ecológico y la deforestación mediante la aplicación de leyes estrictas y reforestación conjunta entre ciudadanos y autoridades.
La República Dominicana no padece una crisis inevitable provocada por choques internacionales; padece una crisis de prioridades y de decencia fiscal. La acumulación desmedida de la deuda del sector público, que ya rebasó los 66,000 millones de dólares a marzo de 2026, terminará hipotecando la estabilidad de las próximas generaciones. El gobierno debe entender que el respeto público no se construye con conferencias de prensa ni con propaganda de estabilidad estadística, sino con el ejemplo. Mientras el liderazgo nacional oficialista no demuestre una verdadera contención en sus oficinas y detenga el festín de su nómina, sus llamados al sacrificio seguirán siendo percibidos como una burla directa al estómago de los dominicanos.
NoticiasEnlineaRD, abreufelixjosedelcarmen@gmail.com
