SANTO DOMINGO.– La desconexión entre la retórica gubernamental y la cruda realidad que sangra en las calles de la República Dominicana ha alcanzado este lunes niveles de absoluta vergüenza. Mientras la vicepresidenta de la República, Raquel Peña, se sentaba de manera pomposa en el Salón del Club de Oficiales del Palacio de la Policía Nacional para encabezar la pomposa reunión número 150 del Plan de Seguridad Ciudadana, el país real, el de a pie, recibía otra bofetada de la delincuencia organizada que desmonta por completo la mal llamada e inexistente reforma policial.
Resulta un insulto a la inteligencia del pueblo dominicano que la plana mayor del Gobierno —escoltada por los ministros José Ignacio Paliza, Carlos Antonio Fernández Onofre y Faride Raful, junto a una interminable comitiva de directores, generales y fiscales de casi todas las provincias— se reúna a “pasar balance” y “coordinar avances”, cuando apenas horas después un comando fuertemente armado asaltó de manera espectacular una envasadora de gas Tropigas y un camión blindado de transporte de valores a plena luz del día en el distrito municipal de Don Juan, en Monte Plata. ¿Esos son los avances que celebran en sus cómodas sillas con aire acondicionado?
La realidad es que el número 150 no representa un logro; representa el aniversario de un fracaso burocrático. Detrás de esas sonrisas protocolares y de los partes oficiales que hablan de “fortalecer la capacidad de respuesta”, lo que se esconde es una profunda descomposición institucional. Mientras las autoridades se toman la foto oficial en el Palacio Policial, la opinión pública asiste con asco a la guerra de baja intensidad que libran sectores del alto mando: una abierta disputa entre generales por el control de los puntos de drogas, escándalos de “tumbes” internos de cargamentos masivos —como el reciente y vergonzoso caso de los 271 kilos de drogas— y una uniformada que ha perdido por completo el control territorial y la moral pública.
El esfuerzo de esta mesa de tarea conjunta se ha quedado en pura teoría y cosmética. Las 200 escuelas de formación siguen operando como feudos sin supervisión real, las calles se tiñen de sangre con supuestos “intercambios de disparos” que huelen a ejecuciones extrajudiciales, y los cambios de ministros o de directores de la Policía no son más que un desfile de nombres que deja intacta la estructura mafiosa interna. La presencia de fiscales de más de quince demarcaciones en esa reunión de este lunes solo confirma que el sistema judicial es cómplice de un teatro que gasta millones de pesos del contribuyente en simulaciones, mientras el ciudadano común vive con el corazón en la boca.
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Desde Noticias En Línea RD lo decimos con total responsabilidad: la paciencia de la sociedad dominicana se agotó. El Gobierno ya no puede seguir vendiendo reuniones semanales como si fueran soluciones, ni escudándose en una reforma policial que solo existe en los libretos de los asesores internacionales. Mientras los generales se disputan el botín del narcotráfico y los comandos armados se pasean por el país asaltando camiones blindados, las puestas en escena en el Palacio de la Policía no son más que una burla de mal gusto. La fiebre no está en la sábana, la fiebre está en un sistema podrido que ninguna reunión número 150 va a poder ocultar.