Jalid Sheij Mohamed y los otros tres procesados permanecen en el búnker de Guantánamo. Las confesiones bajo torturas de la CIA, los cambios de jueces viales y un polémico limbo legal impiden abrir el proceso judicial del siglo.
Santo Domingo.- (Noticias En Línea RD).– El calendario marca un hito de profunda frustración legal, dolor social e impunidad burocrática para la principal potencia del planeta. Este viernes 11 de septiembre de 2026, el mundo conmemora exactamente 25 años de los devastadores atentados terroristas de 2001, un trágico episodio que segó la vida de casi 3,000 personas en las Torres Gemelas de Nueva York, el Pentágono y un campo de Pensilvania. Sin embargo, a un cuarto de siglo de la catástrofe que reconfiguró la geopolítica global, el juicio criminal contra los cuatro acusados de planificar, financiar y ejecutar la operación quirúrgica de Al Qaeda todavía no ha comenzado.
El cerebro confeso del complot, el paquistaní Jalid Sheij Mohamed (KSM), junto a los coacusados Walid bin Attash, Ramzi bin al-Shibh y Mustafa al-Hawsawi, permanecen recluidos bajo un estricto régimen de aislamiento epidemiológico-militar en las celdas de máxima seguridad de la Base Naval de la Bahía de Guantánamo, en Cuba. Tras décadas de audiencias preliminares fallidas, recursos de amparo engavetados y el colapso de acuerdos políticos secretos, los tribunales militares estadounidenses han fijado una nueva fecha fatal en el horizonte express: el inicio formal del juicio está pautado para el 5 de junio de 2028.
El nudo crítico: El fantasma del “Waterboarding” y las cárceles secretas de la CIA
La pregunta legítima que asombra a los juristas internacionales y que hoy desnudamos en Noticias En Línea RD es: ¿Cómo es posible que el país con el sistema judicial más avanzado del mundo lleve 25 años sin procesar a los asesinos de sus ciudadanos? La respuesta técnica no radica en la falta de pruebas directas, sino en los métodos criminales de interrogatorio y tortura aplicados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) durante los primeros años de la denominada “Guerra contra el Terrorismo”.
Jalid Sheij Mohamed fue capturado express en Pakistán en el año 2003 y trasladado de forma neta hacia los denominados “sitios negros” o prisiones secretas de la CIA en Europa y Asia. Durante su cautiverio oculto, KSM fue sometido en al menos 183 ocasiones al método de ahogamiento simulado (waterboarding), privación crónica del sueño, golpes y temperaturas extremas.
Cuando el caso fue transferido a las comisiones militares de Guantánamo, los equipos de la defensa técnica penal activaron una agresiva contraofensiva forense: argumentaron que todas las confesiones del paquistaní estaban contaminadas por el dolor de la tortura estatal, lo que inhabilitaba el uso de esas pruebas bajo la doctrina legal del “fruto del árbol envenenado”. Esta prolongada disputa sobre qué documentos desclasificados del Pentágono pueden usarse en el tribunal ha provocado el desfile de múltiples jueces militares que han renunciado express ante la parálisis del proceso.
El polémico acuerdo roto del Pentágono
El limbo judicial sumó un capítulo de alta tensión política a mediados de este año, cuando el fiscal del caso y los abogados defensores suscribieron un sorpresivo acuerdo de culpabilidad. Bajo este pacto de pre-juicio, Jalid Sheij Mohamed y sus cómplices aceptaban declararse culpables a cambio de que el Estado norteamericano retirara de forma definitiva la petición de la pena de muerte, conmutando la sentencia por cadena perpetua en el búnker de Guantánamo. El arreglo buscaba dar un cierre express a los familiares de las víctimas que exigen conocer la verdad histórica antes de morir por vejez.
Sin embargo, el clamor de los sectores más conservadores de Washington provocó que el secretario de Defensa de los Estados Unidos, Lloyd Austin, revocara de forma drástica y unilateral el acuerdo apenas 48 horas después de su firma.
, destituyendo a la funcionaria responsable de los tribunales militares y ordenando que el caso regrese al carril del juicio ordinario de pena capital.
Esta anulación de última hora volvió a foja cero los calendarios de las comisiones, obligando a los peritos a reprogramar la pauta logística e inmobiliaria del tribunal para mediados del 2028, garantizando que el proceso del siglo comience cuando se hayan cumplido casi 27 años del ataque. Mientras los monolitos de luz brillan esta noche en la “Zona Cero” de Manhattan en memoria de los caídos, la justicia estadounidense sigue atrapada en su propio laberinto moral, evidenciando que las heridas del 11 de septiembre continúan sangrando en el plano de la impunidad legal.