Mientras Nasry Asfura califica a RD como “ejemplo regional” y el Ministro de Defensa defiende la verja inteligente, la realidad en las calles expone el mayor flujo de nacionales haitianos sin papeles en la historia reciente del país.
DAJABÓN (Noticias En Línea RD).– La diplomacia y la propaganda oficial volvieron a fundirse en un solo discurso en la línea fronteriza. El presidente Luis Abinader encabezó este sábado, junto a su homólogo de Honduras, Nasry Asfura Zablah, un recorrido de alto perfil por la verja perimetral inteligente de Dajabón, un escenario utilizado por el Palacio Nacional para proyectar un blindaje militar absoluto de la soberanía nacional. Sin embargo, fuera del perímetro estrictamente custodiado para las cámaras, la realidad de las comunidades fronterizas y los centros urbanos dominicanos desmiente el relato oficial.
Para el mandatario hondureño, la impresión fue mayúscula, llegando a calificar a la República Dominicana como un “gran ejemplo a nivel centroamericano y del Caribe” en materia de seguridad fronteriza e industria militar. Asfura insistió en que “la soberanía no tiene precio”, elogiando además la supuesta efectividad de los sistemas tecnológicos dominicanos.
No obstante, analistas locales y críticos de la gestión actual coinciden en que, paradójicamente, ha sido durante los períodos gubernamentales del presidente Abinader cuando la República Dominicana ha registrado los mayores flujos de ingreso de nacionales haitianos indocumentados, evidenciando una preocupante complicidad institucional, debilidad en los controles migratorios y un activo negocio de peaje en los puestos de control que la propaganda no logra ocultar.
La verja de los 55 kilómetros frente al colapso migratorio
Durante la presentación del operativo, el ministro de Defensa, teniente general Carlos Antonio Fernández Onofre, defendió con vehemencia la estrategia integral “Frontera Fuerte, donde la patria comienza” . Según las cifras oficiales, el país dispone actualmente de 55 kilómetros de verja construidos (38 de ellos en la frontera norte), respaldados por 1,500 luminarias solares, fibra óptica, drones y el despliegue de 11,000 soldados.
Pero para la opinión pública y los sectores nacionalistas, estas métricas resultan insuficientes y puramente cosméticas. La existencia de tramos tecnológicos y el ensamblaje local de vehículos blindados “Furia” chocan de frente con la realidad diaria en las provincias fronterizas, donde las bandas armadas del vecino país —como la coalición Viv Ansanm— operan a escasos kilómetros de la frontera, y donde el tráfico humano sigue burlando los puntos de revisión militar de manera sistemática, inundando el mercado laboral informal y saturando los servicios de salud pública del país.
Diplomacia y promesas de “ganar-ganar”

Haciendo caso omiso a las críticas internas sobre la permeabilidad de la frontera, el presidente Abinader enfocó su discurso en la cooperación internacional, ofreciendo la tecnología de la industria militar dominicana —que según el MIDE genera ahorros de hasta un 40% en uniformes y equipos— al servicio de naciones amigas como Honduras. “Nos gustaría que sea una industria militar para los amigos y que podamos participar juntos para tener la tecnología que necesitamos”, manifestó el gobernante dominicano.
La agenda oficial, que continuará este domingo en el Palacio Nacional con honores militares, firmas de instrumentos bilaterales y un almuerzo de Estado, busca afianzar los lazos comerciales y de inversión mutua entre Santo Domingo y Tegucigalpa. Sin embargo, para los ciudadanos de la Línea Noroeste, el verdadero éxito de una política fronteriza no se mide en convenios internacionales ni en las felicitaciones de mandatarios extranjeros, sino en la capacidad real e inmediata de detener el masivo e ilegal cruce migratorio que debilita la soberanía en el territorio real.