Santo Domingo, RD.-La destitución del mayor general Andrés Modesto Cruz Cruz de la Dirección General de la Policía Nacional no puede ser despachada como un simple cambio rutinario de mando.
En política y, mucho más aún, en materia de seguridad ciudadana, hay decisiones que, por su oportunidad, por su forma y por las circunstancias que las rodean, obligan a la sociedad a formular preguntas.
Cruz Cruz apenas permaneció seis meses al frente de la institución. Su salida ha provocado sorpresa, indignación y también manifestaciones de respaldo a una gestión que muchos sectores de la sociedad valoraban positivamente.
Y aquí comienza lo verdaderamente preocupante.
Si el Gobierno ha asumido la reforma policial como uno de sus grandes proyectos institucionales, entonces cada cambio en la cúpula de la Policía Nacional debe ser explicado con absoluta claridad.
No basta con recordar que el Presidente de la República tiene la facultad constitucional de designar y remover al director de la Policía. Eso nadie lo discute.
Lo que sí debe discutirse es el impacto que tienen estos cambios sobre la continuidad de una reforma que el país necesita y reclama.
¿Por qué sale Cruz Cruz después de apenas seis meses?
¿Qué ocurrió dentro de la institución?
¿Existieron diferencias en torno a la conducción de la reforma?
¿Hay sectores internos que se resisten a determinados cambios?
¿Existen intereses que pretenden preservar espacios de poder dentro de la institución?
¿O estamos sencillamente ante una decisión estratégica del Poder Ejecutivo para reorganizar la Policía Nacional?
Son preguntas legítimas.
Y hacerlas no significa conspirar contra el Gobierno ni contra la Policía.
Significa ejercer el derecho de la sociedad a conocer qué está ocurriendo con una institución fundamental para la seguridad de todos los dominicanos.
LA REFORMA NO PUEDE SER REHÉN DE NADIE
La reforma policial no puede depender de una persona, de un director, de un general, de un asesor ni de ningún grupo de poder.
Una transformación verdadera debe ser institucional.
Pero precisamente por eso preocupa que quienes llegan con la misión de impulsar cambios terminen enfrentando obstáculos, resistencias o conflictos internos que finalmente puedan afectar la continuidad del proceso.
No afirmamos que exista un complot.
Pero tampoco podemos ignorar las señales que están sobre la mesa.
Cuando un director permanece apenas seis meses en el cargo y sale en medio de un ambiente donde se habla de diferencias internas alrededor de la reforma, el país tiene derecho a preguntar qué está ocurriendo.
Y si esas versiones son falsas, corresponde aclararlas.
Porque el silencio alimenta la especulación.
LAS PALABRAS DE CRUZ CRUZ
Hay otro elemento que no puede pasar desapercibido.
En su despedida, el mayor general Andrés Modesto Cruz Cruz dejó un mensaje que ha provocado múltiples interpretaciones.
Habló de principios éticos, de integridad y de la necesidad de luchar por lo correcto, aun cuando hacerlo pueda tener consecuencias personales.
No sería responsable convertir esas palabras, por sí solas, en una denuncia de conspiración.
Pero tampoco sería prudente ignorarlas.
Cuando un director de la Policía abandona el cargo y, frente a las autoridades y a sus compañeros de armas, hace un llamado tan enfático a preservar los principios y actuar correctamente, sus palabras merecen ser escuchadas y analizadas.
Porque la integridad no puede ser simplemente un discurso.
Tiene que convertirse en una política institucional permanente.