Ferran Torres (7) celebra su gol en la final del Mundial 2026 entre España y Argentina en el estadio MetLife (NJ). Crédito: Julio Cortez | AP
Gobernadores y legisladores tildan de “ilegal” la comercialización de la grama de la final del Mundial 2026 por parte de la FIFA, mientras el Comité Organizador asegura que retendrá la mayoría de los fondos para reinvertirlos en la región.
NUEVA YORK / NUEVA JERSEY – El silbatazo final del Mundial 2026 no apagó las tensiones en la sede de la gran final. La decisión de la FIFA de comercializar el césped del estadio MetLife —terreno donde se disputaron ocho partidos históricos del certamen mundialista— ha encendido las alarmas en las altas esferas políticas de Nueva York y Nueva Jersey, reabriendo el debate sobre los límites de la rentabilización de los espacios públicos.
La medida provocó la inmediata reacción de la gobernadora demócrata de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, así como del asambleísta republicano Michael Inganamort, quien calificó abiertamente el procedimiento de comercialización como una acción “ilegal” que busca monetizar un bien facilitado con recursos y apoyo logístico estatal.
El contragolpe del Comité Local: Fondos directos para la comunidad
Frente al aluvión de críticas y el rechazo político, el Comité Organizador de Nueva York y Nueva Jersey (NYNJWC26) salió al paso para matizar la controversia. En declaraciones exclusivas para la cadena PIX11 News, la entidad reveló que la operación no responderá a un beneficio exclusivo del ente rector del fútbol mundial.
Según precisó el comité, la región de Nueva York y Nueva Jersey “recibirá la mayor parte de los ingresos” generados por la venta en fragmentos del césped del MetLife.
“Los fondos recaudados no se irán a las arcas suizas de la FIFA; se reinvertirán de manera directa en las iniciativas comunitarias, programas deportivos infantiles e infraestructura local que el comité mantendrá activos en la región como legado del torneo”, indicaron voceros del organismo organizador.
La pugna por el legado y los contribuyentes
El choque pone de manifiesto la fina línea entre la explotación comercial de recuerdos deportivos de colección y el reclamo de los contribuyentes locales, quienes aportaron millones de dólares en seguridad, transporte y remodelaciones del recinto para la cita mundialista.
Mientras la FIFA pretende transformar la histórica grama de la final en valiosos artículos de colección para fanáticos, la clase política exige garantías de transparencia fiscal, al tiempo que el Comité Organizador busca defender la venta como una victoria de financiamiento para el legado social de los juegos en el área tri-estatal.