Por: José Abreu (Periodista y director de Noticias en Línea RD)
SANTO DOMINGO.— En noviembre de 2021, a poco más de un año de haber asumido la presidencia, Luis Abinader declaró con absoluta convicción ante la prensa nacional: “La frontera está segura.” Hoy, casi cinco años después, el mismo presidente presenta el plan “Frontera Fuerte” como una gran estrategia para garantizar precisamente lo que entonces dijo que ya estaba garantizado.
La pregunta que millones de dominicanos tienen derecho a hacerse es simple y directa: ¿si la frontera estaba segura en 2021, por qué en 2026 necesitamos 14 nuevos kilómetros de verja en Jimaní, nuevos puestos de control, tecnología de última generación y un plan con nombre propio para asegurarla?
La respuesta incomoda, pero es necesario decirla: porque nunca estuvo segura. Y los dominicanos lo sabían.
Una narrativa que se repite
Desde agosto de 2020, la narrativa del gobierno de Abinader sobre la frontera ha seguido un patrón que ya resulta predecible. Primero, el diagnóstico alarmante sobre la crisis haitiana y sus efectos en el territorio dominicano. Luego, el anuncio de medidas contundentes. Después, el silencio. Y finalmente, un nuevo anuncio con diferente nombre pero igual contenido.
En abril de 2025, el presidente estableció 15 medidas “necesarias” para enfrentar la migración ilegal. Antes hubo otras medidas. Y antes, otras más. Cada una presentada como la solución definitiva. Ninguna lo fue.
Mientras tanto, la realidad en la frontera habló por sí sola: cientos de miles de ciudadanos haitianos siguieron entrando por pasos no oficiales, los mercados informales continuaron operando sin control real, y comunidades como Tilory, que hoy el Gobierno identifica como “problema histórico”, llevan décadas en esa condición sin que ninguna administración, incluyendo la actual, haya podido o querido resolverlo de fondo.
El costo del discurso sin resultados
Lo más preocupante no es que el problema persista. Los desafíos fronterizos son complejos y ningún gobierno los resuelve de la noche a la mañana. Lo verdaderamente grave es que se le siga presentando a la ciudadanía cada nuevo anuncio como si fuera el primero, como si no hubiera historia, como si no hubiera contradicciones documentadas.
En 2021, Abinader dijo que tenía “todos los servicios de inteligencia trabajando” para garantizar la integridad del territorio. En 2026, reconoce implícitamente con “Frontera Fuerte” que ese trabajo no fue suficiente, que la verja necesita más kilómetros, que los puestos de control necesitan modernizarse, que el 911 apenas ahora llegará a Montecristi y Dajabón.
¿Qué pasó en esos cinco años? ¿Dónde están los resultados de los planes anteriores? ¿A cuánto ascendió la inversión en seguridad fronteriza desde 2020 y cuál fue su impacto medible?
Infraestructura sin política migratoria
“Frontera Fuerte” contempla obras importantes: pavimentación de corredores, centros logísticos, puentes. Nadie puede oponerse a la infraestructura. Pero la infraestructura sin una política migratoria coherente, sin acuerdos binacionales efectivos y sin voluntad de enfrentar las causas estructurales del problema, es solo concreto y metal.
Un puente al 95% de avance en Manzanillo, otro al 40% en La Vigía y uno más al 20% en Don Miguel no son logros, son obras inconclusas que llevan meses o años en ejecución. Presentarlas como parte de un plan nuevo resulta, cuando menos, cuestionable.
Lo que los dominicanos merecen
Este Editorial no cuestiona la necesidad de proteger la frontera. La soberanía territorial es un imperativo que ningún gobierno puede ignorar. Lo que se cuestiona es la coherencia entre el discurso y la realidad, entre los anuncios y los resultados, entre lo que se promete y lo que se cumple.
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Los dominicanos merecen un gobierno que, cuando diga que la frontera está segura, lo pruebe con datos. Que, cuando lance un nuevo plan, explique en qué falló el anterior. Que reconozca que cinco años de anuncios sin soluciones definitivas no son gestión, son postergación con otro nombre.
“Frontera Fuerte” puede ser una buena iniciativa. Pero para serlo de verdad, primero tendría que responder una pregunta que el Gobierno todavía no ha contestado: ¿qué pasó con todo lo anterior?

Sobre el autor:
José Abreu es periodista y director de Noticias en Línea RD. Vivió en Puerto Príncipe, Haití, desde noviembre de 1996 hasta octubre de 2003. Durante ese período se desempeñó como Primer Secretario de la Embajada Dominicana en la República de Haití en el año 2000, y posteriormente como Cónsul Fundador Encargado de la Oficina Consular de Anse-à-Pitre, Haití, cargo que ejerció desde noviembre de 2001 hasta noviembre de 2002.