Mujeres y hombres, de la comunidad cocinando, en la paila, sus alimentos, el contraste a la resistencia tras presencia policial
POR JOSÉ ABREU
EL AGUACATE, PEDRO BRAND. – Lo que para el Ministerio de Medio Ambiente representa un frío trámite administrativo, para los habitantes de El Aguacate, en La Cuaba, es una sentencia de muerte contra su recurso más sagrado: el agua.
Este domingo, el equipo de NoticiasEnlineaRD se adentró en el epicentro del conflicto. Allí, la resistencia comunitaria no solo ha levantado consignas, sino un campamento de vida que hoy amaneció bajo la sombra de dos unidades de la Policía Nacional, enviadas para vigilar una paz que se percibe tensa y frágil.
La Ruta de la Vida: Fermín, Pana y La Jurunela

Acompañamos a una comisión del movimiento “No al Vertedero”, integrada por Ana Laureano (Milagros), Cesar Pacheco, Nicasio García, Feliz Rosario, Alexander Mejía y Santo Valdez, en un recorrido por lo que ellos definen como “el tesoro que pretenden sepultar bajo basura”.
El trayecto inició en el Arroyo Fermín, situado estratégicamente junto a la carretera Santo Domingo-La Cuaba. El sonido del agua cristalina y el verdor de la zona chocan de frente con la idea de un proyecto de residuos. La travesía continuó hacia el Arroyo La Pana, cuya pureza quedó documentada en nuestras cámaras, y culminó en el punto más crítico: La Jurunela.

En este último, la comunidad ha dado una lección de ingeniería y supervivencia: improvisaron una represa que canaliza el agua por más de un kilómetro hasta la zona residencial, alimentando una batería de cinco tinacos que surten a los hogares mediante bombas de impulso. “Si el vertedero se construye, este sistema dejará de llevar agua para llevar veneno”, sentenciaron los vecinos durante el recorrido.
Resistencia entre “Pailas” y Vigilancia Policial

Al regresar al campamento, la atmósfera era de un contraste profundo. Por un lado, la presión de dos camiones de la Policía Nacional flanqueando el lugar, una presencia que los comunitarios denuncian como un intento de amedrentamiento.
Por el otro, la inquebrantable solidaridad dominicana. En el centro del campamento, el humo de un fogón de leña y una “gran paila” (caldero) marcaban el ritmo del día. Allí, hombres y mujeres de la comunidad preparan juntos los alimentos para sostener a quienes montan guardia. No es solo una vigilia; es una familia defendiendo su territorio.
En el lugar nos esperaban Fabio Correa, el exalcalde de La Cuaba, Hery Buret, y el pastor Virgilio, quienes lanzaron un clamor directo al Palacio Nacional: “La Cuaba tiene vocación ecoturística, no de basurero. Señor presidente Luis Abinader, no permita que esta atrocidad borre nuestro futuro”.
El Laberinto de la Propiedad y el Entorno
Este estallido ambiental ocurre mientras el país digiere los datos de la encuesta Enhogar 2024-2025 de la ONE, que revela que el 42.5% de los dominicanos vive alquilado por la imposibilidad de comprar una vivienda. Para los habitantes de El Aguacate, que ya tienen su “techo”, el riesgo es otro: perder la plusvalía de sus tierras y la salud de su entorno por la resolución que el ministro Armando Paíno Henríquez firmó el pasado 28 de abril.
El permiso para la planta de la empresa Oakhouse está en papel, pero en el terreno, la determinación de El Aguacate, cocinada a fuego lento en sus fogones de resistencia, parece ser mucho más firme que cualquier decreto.
