MADRID, ESPAÑA.— Dos de las voces políticas más influyentes del mundo iberoamericano coincidieron en Madrid con un diagnóstico contundente: el orden internacional no está en transición, está en caos. Y si Iberoamérica no actúa de forma coordinada y urgente, la región perderá su oportunidad histórica de incidir en lo que viene.
El expresidente dominicano Leonel Fernández y el expresidente del Gobierno español Felipe González protagonizaron el Diálogo Iberoamericano “Iberoamérica ante el nuevo orden mundial”, celebrado en la Universidad Autónoma de Madrid y moderado por el periodista y académico Juan Luis Cebrián. El encuentro, impulsado por Funglode, la fundación que preside Fernández, fue tanto un análisis geopolítico como un llamado a la acción.
González fue el más directo en su diagnóstico: no existe un nuevo orden internacional, sino un entorno de “caos absoluto” que obliga a los países iberoamericanos a reforzar sus mecanismos de cooperación. El exjefe de gobierno español advirtió además sobre una crisis prolongada en la gobernanza de las democracias representativas y puso énfasis en la seguridad como tema transversal que debe abordarse por encima de las diferencias ideológicas.
Fernández, por su parte, situó a América Latina en perspectiva histórica: la región ha sido siempre un “laboratorio político permanente” donde los factores económicos han determinado la estabilidad institucional. Desde ese análisis, el líder del PLD subrayó la necesidad de reconstruir una visión estratégica compartida que permita avanzar de forma coordinada en economía, seguridad, cultura y derechos humanos.
El expresidente dominicano evocó el espíritu fundacional de las Cumbres Iberoamericanas como modelo de concertación política, señalando que la región tiene los elementos necesarios para reposicionarse en el escenario global — si tiene la voluntad de hacerlo.
El diálogo, encuadrado en la agenda académica e institucional de Funglode, puso sobre la mesa la urgencia de alcanzar consensos regionales en un momento en que las tensiones globales — comerciales, geopolíticas y democráticas — presionan a todos los países de la región sin distinción de tamaño ni ideología.
