El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, consolidó su camino para perpetuarse en el poder al ser designado oficialmente por su partido, Nuevas Ideas, como el candidato único para buscar un tercer mandato presidencial consecutivo de seis años en las elecciones de febrero próximo. La postulación se da bajo el amparo de una controversial reforma constitucional que eliminó los límites a la reelección.
El publicista de 44 años, quien asumió la jefatura del Estado en 2019 rompiendo con tres décadas de bipartidismo tradicional, mantiene niveles de popularidad superiores al 85%. Este arraigo social se debe principalmente a su agresiva estrategia militar contra las pandillas Mara Salvatrucha y Barrio 18, la cual logró reducir la criminalidad a mínimos históricos en la nación centroamericana.
La “muerte de la democracia”
A pesar del masivo respaldo ciudadano en las calles por la pacificación del territorio, el proceso político no ha estado exento de duras críticas locales e internacionales. La vía hacia este tercer mandato quedó despejada en julio de 2025, cuando el Congreso —controlado de manera absoluta por el oficialismo— abolió de raíz el límite de dos mandatos consecutivos. Esta acción exprés fue calificada por la reducida oposición legislativa como la “muerte de la democracia”.
Asimismo, las reformas del año pasado extendieron el período presidencial de cinco a seis años y borraron la segunda vuelta electoral del ordenamiento jurídico. Sin contrincantes de peso en el panorama político, el mandatario —quien suele autodenominarse irónicamente en redes como un “dictador cool”— volverá a presentarse a las urnas junto a su actual vicepresidente, Félix Ulloa.
Sombras sobre los Derechos Humanos
El modelo de seguridad de Bukele ha despertado admiración en diversos sectores derechistas del continente, pero acumula graves denuncias de organismos defensores de los derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Activistas denuncian violaciones sistemáticas, torturas, detenciones arbitrarias y el uso del régimen de excepción para silenciar voces disidentes y perseguir a periodistas y abogados independientes.
Adicionalmente, la gestión internacional de Bukele enfrentó fuertes cuestionamientos tras revelarse que mantuvo incomunicados durante cuatro meses a 252 ciudadanos venezolanos deportados dentro de la megacárcel de pandilleros, quienes tras ser liberados denunciaron severos abusos físicos. Sin embargo, respaldado por su estrecha alianza política con el mandatario estadounidense Donald Trump, Bukele avanza firme hacia las urnas con el control absoluto del Congreso, la justicia y la fiscalía salvadoreña.