Redacción Noticiasenlineard
SANTO DOMINGO, RD.– La memoria histórica del pueblo dominicano guarda una cicatriz imborrable que se reactiva cada 31 de agosto. Hoy se cumplen exactamente 47 años desde que el monstruoso huracán David, un ciclón de categoría 5 con vientos sostenidos de hasta 280 kilómetros por hora, rompió la calma del país al impactar el territorio nacional por las costas de Nigua, en la provincia de San Cristóbal. La tragedia se multiplicó de forma dramática apenas cinco días después, cuando la tormenta tropical Federico sepultó bajo el agua lo poco que el huracán había dejado en pie.
El paso del huracán David por la República Dominicana transformó el paisaje urbano y rural en cuestión de horas. Los vientos huracanados destruyeron miles de viviendas, derribaron el tendido eléctrico nacional de forma total y colapsaron los sistemas de comunicación. Sectores agrícolas completos, especialmente las plantaciones de plátano, café y caña de azúcar en las regiones Sur y Central, quedaron devastados. El río Yaque del Sur y otros caudales importantes se desbordaron, provocando inundaciones repentinas que arrastraron comunidades enteras a su paso.
La respuesta humanitaria y de rescate se convirtió en un desafío mayúsculo para el gobierno del entonces presidente Antonio Guzmán Fernández. Mientras las autoridades intentaban contabilizar los daños y rescatar a los sobrevivientes atrapados, la tormenta tropical Federico hizo su entrada al país. Este segundo fenómeno descargó lluvias torrenciales ininterrumpidas durante días sobre un suelo que ya se encontraba completamente saturado. Las inundaciones resultantes prolongaron la agonía de la población y multiplicaron el brote de enfermedades sanitarias.
Las cifras oficiales y los relatos de la época estiman que la doble pesadilla dejó más de 2,000 personas fallecidas, cientos de desaparecidos y a más de 200,000 ciudadanos sin hogar. El icónico Estadio Quisqueya y numerosas escuelas públicas de Santo Domingo tuvieron que ser habilitados como refugios improvisados durante meses. La ayuda internacional fluyó de manera masiva, pero la reconstrucción de las redes viales, los puentes colapsados y el sistema eléctrico nacional tomó varios años de esfuerzo financiero y social.
A casi cinco décadas de aquel fatídico 1979, el recuerdo de David y Federico se mantiene vigente como el máximo referente de vulnerabilidad ante los fenómenos atmosféricos. Esta fecha no solo convoca al luto nacional por las vidas perdidas, sino que sirve como un recordatorio permanente para la Defensa Civil, el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) y toda la ciudadanía sobre la importancia crítica de la prevención y la planificación urbana ante la temporada ciclónica en el Caribe.