Jugadores de los Dodgers celebran luego de avanzar a la Serie de Campeonato.Getty Images via AFP
Atlanta.– La dinastía contemporánea del béisbol de las Grandes Ligas ha impuesto su ley y su jerarquía en territorio hostil de forma inapelable. Los Dodgers de Los Ángeles sellaron su boleto a la Serie de Campeonato de la Liga Nacional al derrotar por la vía de la fuerza 4-1 a los Bravos de Atlanta, liquidando de forma fáctica la Serie Divisional con un contundente 3-1 en el balance global al mejor de cinco desafíos y manteniendo intacto su salvaje empeño por consagrarse como la primera franquicia del viejo circuito en conquistar tres Series Mundiales de forma consecutiva.
El colapso definitivo de la escuadra de Georgia se ejecutó en la parte alta del fatídico séptimo episodio. Con la pizarra empatada a una carrera y las almohadillas repletas, el patrullero cubano Andy Pages se vistió de héroe al descifrar un envío en cuenta máxima de 3-2 del relevista venezolano Robert Suárez, conectando un metrallazo de sencillo al jardín centro que remolcó al dominicano Teoscar Hernández y al veloz Tommy Edman, quebrando el equilibrio para colocar un inalcanzable 3-1 en el marcador. La estocada final llegó en el noveno capítulo por la vía del poder de Max Muncy, quien castigó al cubano Raisel Iglesias con un cuadrangular solitario, registrando su jonrón número 19 en postemporada para ampliar su récord histórico dentro de la franquicia angelina.
La orfandad ofensiva de Atlanta y el blindaje del pitcheo azul
Para la redacción de Noticias En Línea RD, el desenlace fáctico de esta Serie Divisional expone el brutal contraste entre una organización blindada para los escenarios de máxima presión y unos Bravos que naufragaron de forma vergonzosa por su alarmante incapacidad para producir con hombres en base, dejando una cifra récord de 18 pasaportes otorgados por el pitcheo de los Dodgers a lo largo de la serie sin que ninguno se tradujera en carrera. El abridor azul Tyler Glasnow transitó por una noche de descontrol otorgando cinco boletos en cuatro entradas y dos tercios permitiendo un solo hit, pero el cuerpo de relevistas de Dave Roberts operó con una precisión quirúrgica milimétrica.
Alex Vesia, el venezolano Edgardo Henríquez (quien se apuntó la victoria sin permitir anotaciones en un inning y dos tercios), Tanner Scott con un octavo perfecto, y el cerrador boricua Edwin Díaz tirando un noveno de un-dos-tres para acreditarse el salvamento, se combinaron para limitar a la artillería de Atlanta a tan solo tres hits en todo el encuentro. Los Bravos anotaron su única carrera en el mismo primer acto gracias a la velocidad de Michael Harris II, pero su defensiva colapsó en el segundo episodio cometiendo dos costosos errores en la misma jugada: una base por bolas a Shohei Ohtani derivó en anotación luego de un tiro desviado del receptor Sean Murphy al jardín central y una pifia del campocorto hondureño Mauricio Dubón al dejar caer un elevado corto de Muncy.
A pesar de no contar en el banco con el campocorto venezolano Miguel Rojas por severas dolencias en la baja espalda y sufrir el susto de Teoscar Hernández estrellándose contra la pared en el sexto inning, la maquinaria de Los Ángeles navegó sobre las costuras del partido con total autoridad, enviando un mensaje directo y terrorífico a su próximo rival en la ronda de campeonato: el imperio de los Dodgers está listo para reclamar otro banderín y estampar su dinastía en los libros de la historia del béisbol moderno.