El obispo de la Diócesis de Nuestra Señora de La Altagracia, monseñor Jesús Castro Marte. Imagen de fuente externa.
Higüey, La Altagracia.– El blindaje político y de opinión pública en torno a la cuestionada seguridad ciudadana ha sumado un aliado de altísimo peso espiritual y social. Durante el acto oficial donde el presidente Luis Abinader encabezó el despliegue de la segunda fase de expansión del Nuevo Modelo de Servicio y Patrullaje Policial por cuadrantes en esta provincia, el obispo de la Diócesis de Nuestra Señora de La Altagracia, monseñor Jesús Castro Marte, bendijo la gestión del mandatario y lanzó un enérgico y directo emplazamiento a los delincuentes y prófugos para que depongan las armas y se entreguen de inmediato ante la justicia.
El influyente prelado católico rompió el protocolo de la tradicional invocación religiosa para estructurar un discurso de fuerte corte político, afirmando de manera tajante que el presidente Abinader posee una “idea preclara, fundamentada y justificada de hacia dónde debe caminar la seguridad de un Estado de derecho”. Castro Marte ensalzó la millonaria inversión estatal en los nuevos centros de formación académica, las cámaras corporales y el uso de herramientas científicas en el patrullaje, sentenciando que este modelo sepulta de forma fáctica los “métodos oscuros del pasado” caracterizados por la violencia y la represión desmedida.
La iglesia como caja de resonancia del discurso de fuerza del Palacio
Para la redacción de Noticias En Línea RD, el vehemente espaldarazo de monseñor Castro Marte trasciende la habitual cortesía eclesiástica para convertirse en una estratégica caja de resonancia del discurso oficial del Palacio Nacional. Que la máxima autoridad católica de la región Este valide con tal nivel de sumisión la “visión preclara” del Ejecutivo se produce de forma fáctica a escasos días de que la propia Policía Nacional desatara un escándalo de desconfianza al confesar que tiene 53,877 órdenes de arresto archivadas y sin ejecutar, dejando en evidencia que miles de delincuentes, asaltantes y homicidas reincidentes caminan con total libertad al lado de los ciudadanos honestos.
Al sumarse de manera directa al reciente ultimátum de Abinader y exhortar a los jóvenes en conflicto con la ley a “decir sí a la justicia” entregándose a través de las iglesias o clubes comunitarios bajo la promesa de que se respetará su dignidad, el obispo intenta insuflar un aire de optimismo y credibilidad a una reforma policial que amplios sectores de la sociedad civil y la oposición siguen percibiendo como un proceso lento y eminentemente cosmético. Sostener de forma alegre que “no podemos ser creadores de opiniones negativas” y ampararse en el éxito de iniciativas locales como la Escuela Monseñor Pepe —donde reformaron a 600 jóvenes catalogados como desobedientes— sirve como un hermoso relato pastoral, pero maquilla la cruda realidad del microtráfico, la delincuencia organizada y la rampante impunidad que las patrullas por cuadrantes aún no logran extirpar de las barriadas profundas de Higüey y el resto del país, demostrando que los aplausos desde el púlpito no bastan para calmar el miedo de la ciudadanía en las calles dominicanas.
Los pilares y llamados de la homilía en La Altagracia
- Sinergia de generaciones: El obispo convocó de forma directa a los policías veteranos (“los de cabellos blancos”) y a las nuevas promociones académicas (“los de cabellos negros”) a trabajar unidos bajo el mando de la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, erradicando los vicios de las viejas estructuras.
- La Justicia como espacio de redención: Castro Marte insistió en que el procesamiento penal bajo una justicia independiente es el primer paso obligatorio para que los jóvenes involucrados en el bajo mundo puedan rehabilitarse y reincorporarse renovados y productivos a la sociedad.
- Inversión protegida: El prelado justificó la alta erogación de fondos del presupuesto nacional destinados a la modernización tecnológica y salarial de la uniformada, exigiendo a los agentes corresponder a ese sacrificio estatal cuidando la soberanía y la dignidad de la patria en cada esquina asignada.