Residentes aseguran que desconocidos recorren la comunidad en motocicletas y asaltan a estudiantes, maestros y vecinos; el miedo les impide denunciar públicamente. Foto de fuente externa
SANTO DOMINGO ESTE.– El ataque ocurrido en la residencia del cantante Julián Oro Duro, donde murió su esposa y el artista resultó gravemente herido, ha desatado la indignación de residentes de Brisa Oriental, quienes aseguran que desde hace meses viven atemorizados por robos y asaltos.
Una vecina, cuya identidad se mantiene reservada por razones de seguridad, afirmó que los moradores han realizado grandes sacrificios para adquirir sus viviendas, pero no pueden disfrutar de la tranquilidad que esperaban encontrar en la comunidad.
“Aquí en esta comunidad hemos trabajado muy duro, muy duro, para nosotros tener un techo y tener paz, para tener un poco de tranquilidad en este país, pero no se puede”.
La mujer explicó que muchos residentes se niegan a aparecer ante las cámaras o presentar denuncias públicamente por temor a represalias.
Motociclistas desconocidos a todas horas
Según su testimonio, personas desconocidas recorren las diferentes etapas de Brisa Oriental en motocicletas durante el día y la noche sin ser detenidas ni fiscalizadas.
Los moradores atribuyen a individuos motorizados numerosos asaltos contra estudiantes, maestros, trabajadores y residentes que se desplazan a pie por la comunidad.
Aseguran que el temor se intensifica en las primeras horas de la mañana y durante la noche, cuando muchas personas salen hacia sus trabajos o regresan a sus viviendas.
La situación ha obligado a algunos residentes a modificar sus horarios, evitar caminar por determinadas calles y mantenerse constantemente atentos antes de entrar o salir de sus hogares.
Temor a denunciar
La vecina sostuvo que los moradores evitan identificarse porque desconocen quiénes podrían pertenecer a las bandas que presuntamente operan en la zona.
El miedo no solamente limita las denuncias ante los medios de comunicación. También puede impedir que las autoridades reciban informaciones esenciales para identificar a los responsables de robos, asaltos y otros hechos violentos.
Los residentes reclaman mecanismos confidenciales que les permitan colaborar con las investigaciones sin exponer sus nombres, direcciones o familias.
Las denuncias sobre inseguridad en Brisa Oriental no son recientes. En años anteriores, moradores ya habían advertido sobre robos cometidos por delincuentes que se movilizaban a pie, en motocicletas y vehículos.
El ataque que estremeció a la comunidad
La preocupación aumentó después del ataque contra Gilberto Julián Sarante Perdomo, conocido como Julián Oro Duro, y su esposa, Zeneida Socorro Castillo, en su residencia de Brisa Oriental VI.
Castillo, de 60 años, murió como consecuencia de las heridas sufridas, mientras el artista fue ingresado con múltiples golpes en la cabeza. El Hospital General de la Plaza de la Salud informó posteriormente que permanece estable, consciente y bajo observación médica.
De acuerdo con la versión preliminar de la Policía Nacional, el cantante habría llegado a la vivienda alrededor de la 1:00 de la madrugada y fue sorprendido por dos individuos. Las circunstancias exactas del hecho y su móvil continúan bajo investigación.
Aunque los residentes vinculan la tragedia con el clima de inseguridad que denuncian, corresponde a las autoridades determinar si el ataque estuvo relacionado con los robos registrados en el sector o si obedeció a otro motivo.
“Aquí parece operar una banda”
Algunos vecinos consideran que la frecuencia y similitud de los hechos podrían indicar la presencia de una estructura que conoce los movimientos de los residentes y los puntos de menor vigilancia.
Esa apreciación forma parte de los testimonios comunitarios y todavía no ha sido confirmada por la Policía Nacional.
Los moradores esperan que el análisis de las cámaras de seguridad permita reconstruir la ruta utilizada por los atacantes y comprobar si existe conexión con otros asaltos denunciados en Brisa Oriental y zonas cercanas.
También demandan mayor iluminación, patrullaje permanente, controles en las entradas y una respuesta coordinada entre la Policía Nacional, el Ministerio Público y las autoridades municipales.
Una comunidad que exige recuperar la tranquilidad
Brisa Oriental no solamente reclama que se esclarezca el ataque contra Julián Oro Duro y su esposa. Sus residentes exigen una intervención preventiva que impida nuevas víctimas.
Patrullar después de una tragedia no es suficiente. La comunidad necesita vigilancia constante, investigación criminal, identificación de motocicletas sospechosas y canales seguros para denunciar.
Los moradores aseguran que han trabajado durante años para construir sus hogares y ofrecer estabilidad a sus familias. Sin embargo, hoy sienten que viven encerrados detrás de verjas, cámaras y puertas reforzadas.
El reclamo de Brisa Oriental es sencillo, pero urgente: haber conseguido un techo no puede significar renunciar a la paz.