El prodigio de Mercedes largó en el puesto 19 por una penalización y le bastaron 17 vueltas para tomar la punta. Venció en un rudo duelo a George Russell y es el primer italiano en ganar en casa desde 1966. (AP Foto/Antonio Calanni)
MONZA, ITALIA (Noticias En Línea RD).– Las páginas doradas de la Fórmula 1 han registrado una de las hazañas más inverosímiles, espectaculares y emotivas de toda su historia. En una demostración de pilotaje sobrehumano que desató las lágrimas de los aficionados locales, el prodigio italiano Kimi Antonelli se vistió de leyenda este domingo al conquistar la victoria en el Gran Premio de Italia, ejecutando una memorable remontada de 18 posiciones tras haber arrancado en el penúltimo lugar (19º) de la parrilla de salida.
A sus apenas 20 años de edad y en su segunda campaña en la máxima categoría del automovilismo, el piloto de la escudería Mercedes completó un ritmo de carrera express destructivo. Amparado en la potencia de su nueva unidad de potencia —cuyo cambio le costó la severa penalización el sábado— Antonelli devoró el pelotón y necesitó menos de 17 vueltas para abrirse paso entre el tráfico urbano de monoplazas y tomar la punta del Gran Premio ante el asombro del paddock de mecánicos.
Drama en la Parabólica y el llanto de los Tifosi
La carrera estuvo marcada por la alta tensión y el peligro desde los giros iniciales. El británico George Russell asumió el liderato en la segunda vuelta tras rebasar al sorprendente poleman Pierre Gasly, pero los corazones se detuvieron momentos después. La carrera fue interrumpida con una bandera roja fulminante luego de que el ídolo de Ferrari, Charles Leclerc, perdiera el control del bólido al salir de la curva Parabolica a alta velocidad, estrellándose de forma violenta contra las barreras de protección.
Aunque el monegasco salió ileso por su propio pie, las hordas de apasionados tifosis vestidos de rojo quedaron con el corazón roto y muchos estallaron en llanto en las tribunas ante el colapso express de la escudería de Maranello. Lewis Hamilton en el otro Ferrari solo pudo rescatar un opaco sexto puesto. Para ese instante de la bandera roja, Antonelli ya marchaba 12º y comenzaba a edificar su milagro en el asfalto.
Batalla abierta y un error en la grava
Tras la bandera verde, el Gran Premio se transformó en una guerra civil y abierta entre los dos compañeros de Mercedes. El equipo tuvo que intervenir por radio con un enérgico regaño para ordenarles distanciarse del neerlandés Max Verstappen —quien terminó en un distante tercer lugar— antes de matarse entre ellos por el trofeo. En la vuelta 29, Mercedes dividió estrategias: Antonelli entró a boxes por gomas frescas bajo un auto de seguridad virtual, saliendo sexto, mientras Russell se mantuvo en pista como líder provisional.
La persecución final del italiano fue un monólogo de velocidad pura. El drama sumó un pico de infarto en la vuelta 49, cuando Antonelli pareció echar a perder sus opciones de victoria al salirse a la zona de grava en un intento express por rebasar a Russell. Lejos de amedrentarse, el juvenil corrigió el volante, cerró la brecha de inmediato gracias a sus neumáticos frescos y ejecutó el rebase definitivo por el liderato en la vuelta 50, a solo tres del final, cruzando la meta con una ventaja de oro. Con este triunfo, Antonelli amplía su ventaja en el mundial de pilotos a 66 puntos sobre el propio Russell, quien tiró la toalla tras la carrera: “Kimi tiene el control y se merece el título; va a ser excepcionalmente difícil superar esa diferencia” .
Un sueño que rompe mitos de 60 años
“¡Dios mío… Se siente como un sueño! Increíble, increíble. No me habría imaginado estar aquí hoy saliendo desde el fondo, pero lo logramos y estoy realmente feliz”, manifestó entre sollozos Antonelli por la radio del equipo. La gesta del italiano se inscribe como la segunda remontada más lejana desde el fondo de la parrilla para ganar un Gran Premio en la historia de la F1, quedando solo por detrás de la mítica victoria de John Watson en Long Beach 1983 tras haber largado en la posición 22.
Además, Antonelli se convierte en el primer piloto italiano en ganar en el Templo de la Velocidad de Monza en 60 años, quebrando una sequía nacional que se arrastraba desde 1966 y consolidándose como el favorito indiscutible para coronarse como el campeón mundial más joven de todos los tiempos en las próximas citas del calendario internacional.