EDITORIAL
SANTO DOMINGO, RD. – Las cifras oficiales no mienten, pero sí alertan. Tras un período de euforia fiscal, la Dirección General de Aduanas (DGA) parece haber chocado con un techo de cristal. Entre enero y mayo de 2026, la institución recaudó RD$105,073.58 millones, un número imponente sobre el papel, pero que esconde una realidad inocultable: un crecimiento pírrico de apenas 0.06 % en comparación con el mismo período de 2025.
Para ponerlo en perspectiva, el incremento absoluto fue de tan solo RD$64.60 millones. Si comparamos este letargo con el vigoroso comportamiento del año anterior —cuando las recaudaciones saltaron casi un 10 % (un aumento de RD$9,500.40 millones respecto a 2024)—Además se superó la meta establecida en un 101.6 %, equivalente a RD 1,648.58 millones por encima de lo proyectado, la conclusión es clara: el motor de ingresos de las aduanas dominicanas experimenta un severo freno.
¿Qué causó este enfriamiento?
Aunque la gestión insiste en la “estabilización de alto nivel” y presume la automatización de procesos, pasar de un crecimiento expansivo a un estancamiento técnico de la noche a la mañana sugiere problemas de fondo. Las causas podrían ir desde un desgaste en la eficiencia operativa interna, provocado por factores de desconocimiento, incapacidad gerencial o pugnas de poder bajo la administración de su actual titular, Nelson Arroyo, hasta una desaceleración no admitida en el dinamismo del comercio internacional y la importación de contenedores, que en 2025 fue el gran motor del éxito.
Mantener los niveles del pasado es un consuelo mediocre para una economía que demanda un crecimiento fiscal constante. La DGA ha entrado en una meseta peligrosa; maquillar las estadísticas como un “logro de sostenibilidad” no resolverá las fricciones estructurales que hoy impiden que las aduanas sigan creciendo al ritmo que el país necesita. Queda bajo la lupa la capacidad de la dirección actual para corregir el rumbo antes de que el estancamiento se convierta en retroceso.