Los equipos de rescate continúan removiendo toneladas de escombros en distintas zonas del occidente del país. Foto de la Agencia AP.
BOGOTÁ, Colombia. — Colombia enfrenta este miércoles una carrera desesperada contra el tiempo. Los equipos de rescate continúan removiendo toneladas de escombros en distintas zonas del occidente del país, mientras familiares, voluntarios y organismos de socorro buscan señales de vida entre las estructuras destruidas por el potente terremoto de magnitud 7,4 que sacudió la nación.
El balance oficial comunicado por el presidente Abelardo de la Espriella sitúa en al menos 181 las personas fallecidas y en 2,595 los heridos, mientras que el Gobierno reporta alrededor de 195 desaparecidos. Sin embargo, registros administrados por organizaciones de la sociedad civil elevan considerablemente la preocupación al situar el número de personas cuyo paradero se desconoce cerca de 4,000.
La diferencia entre ambas cifras refleja uno de los principales desafíos de la emergencia: determinar con precisión el verdadero alcance de la tragedia mientras continúan las labores de búsqueda en comunidades afectadas.
Las próximas horas pueden ser decisivas
Los rescatistas trabajan bajo una presión extrema.
Las primeras 48 a 72 horas después de un terremoto suelen ser consideradas fundamentales para encontrar personas con vida atrapadas bajo los escombros. Ese período, sin embargo, puede prolongarse cuando las víctimas disponen de agua, alimentos o espacios que les permitan resistir.
Por eso, cada hora cuenta.
En Cali, Pereira, Manizales y Quibdó, equipos especializados continuaban trabajando durante la noche y las primeras horas de este miércoles para localizar sobrevivientes.
Las operaciones han estado marcadas tanto por escenas de destrucción como por pequeños momentos que mantienen abierta la esperanza.
En una de las operaciones, rescatistas lograron sacar a un bebé cubierto de polvo a través de una abertura entre estructuras de concreto. En otra escena, personas que observaban las labores aplaudieron cuando una mujer fue extraída y colocada sobre una camilla.
Son imágenes que contrastan con la magnitud de la devastación.
Una emergencia que golpea a comunidades vulnerables
El terremoto no impactó a una Colombia homogénea.
Varias de las zonas más afectadas ya enfrentaban problemas estructurales relacionados con pobreza, desplazamiento y violencia armada.
En regiones como Chocó, donde existen comunidades históricamente vulnerables y con dificultades de acceso, la emergencia adquiere una dimensión todavía mayor.
Giovanni Rizzo, director del Consejo Noruego para Refugiados en Colombia, advirtió que el terremoto agravó una situación humanitaria que ya era delicada.
La catástrofe, por tanto, no solamente destruyó viviendas e infraestructura: también golpeó a comunidades que ya tenían limitados sus recursos para responder ante una emergencia de esta magnitud.
El desastre pone a prueba al nuevo Gobierno
El terremoto también representa una de las primeras grandes pruebas para el presidente Abelardo de la Espriella, quien asumió recientemente el poder.
Su administración debe enfrentar simultáneamente las labores de rescate, la atención de los heridos, la identificación de desaparecidos, la distribución de alimentos y suministros y la coordinación de la ayuda nacional e internacional.
La dimensión del desastre obliga además al nuevo Gobierno a demostrar su capacidad de coordinación en circunstancias extremas.
La respuesta no se limita a movilizar equipos.
También implica establecer prioridades, identificar las comunidades más aisladas, garantizar corredores para la ayuda y coordinar a las autoridades nacionales, gobiernos locales, organismos de socorro, organizaciones humanitarias y voluntarios.
La experiencia de las zonas afectadas por el conflicto puede ser clave
Paradójicamente, la presencia previa de organizaciones humanitarias en algunas zonas afectadas por décadas de conflicto armado podría facilitar la llegada de asistencia.
María José Torres, coordinadora residente de Naciones Unidas en Colombia, explicó que los organismos humanitarios ya cuentan con presencia en determinados territorios que históricamente han sido golpeados por la violencia.
El proceso de paz de 2016 y la permanencia de organizaciones de ayuda en zonas afectadas por el conflicto pueden convertirse ahora en una ventaja para alcanzar comunidades que, en circunstancias normales, resultarían difíciles de atender.
En Chocó, epicentro del terremoto, esta capacidad de presencia territorial adquiere especial importancia.
La solidaridad internacional comienza a movilizarse
Mientras Colombia intensifica las operaciones de rescate, distintos países comenzaron a ofrecer asistencia.
Estados Unidos anunció más de US$15 millones en ayuda para apoyar la respuesta humanitaria.
México también ofreció asistencia y manifestó su disposición de enviar cientos de rescatistas y personal sanitario, además de suministros médicos y equipos especializados.
El Salvador anunció el envío de dos aviones cargados con 100 toneladas de ayuda en los próximos días.
La solidaridad internacional se suma a la movilización de organizaciones no gubernamentales y grupos de la sociedad civil que trabajan dentro de Colombia.
Más que encontrar sobrevivientes: evitar una segunda tragedia
Después de un desastre de esta magnitud, la emergencia no termina cuando se encuentra a las personas atrapadas.
Colombia deberá enfrentar posteriormente una enorme operación humanitaria: alojamiento para familias que perdieron sus viviendas, atención psicológica, recuperación de infraestructura, suministro de agua potable, alimentos, medicamentos y reconstrucción de comunidades.
También será necesario determinar la magnitud real de los daños y establecer cuántas edificaciones deberán ser demolidas, reparadas o reconstruidas.
Por ahora, sin embargo, la prioridad es otra.
Encontrar a quienes todavía pueden estar vivos.
Con el reloj avanzando y las posibilidades de supervivencia reduciéndose progresivamente, los equipos de rescate continúan trabajando entre concreto, polvo y estructuras inestables.
Cada movimiento de una pala, cada búsqueda con equipos especializados y cada señal detectada bajo los escombros puede significar la diferencia entre recuperar un cuerpo o devolverle una persona con vida a su familia.
Colombia espera noticias entre los escombros
La magnitud 7,4 del terremoto dejó una nación conmocionada, pero también mostró una sociedad movilizada.
Familiares, vecinos, voluntarios, rescatistas, organismos internacionales y autoridades trabajan en distintos frentes mientras el país intenta establecer el verdadero alcance de la tragedia.
El balance todavía puede cambiar.
Y precisamente por eso, este miércoles Colombia permanece pendiente de una cifra que podría ser mucho más importante que cualquier estadística:
el número de personas que todavía pueden ser encontradas con vida.
Noticias En Línea RD continuará dando seguimiento a la emergencia en Colombia y a la evolución de las labores de rescate.