ESTADOS UNIDOS. — La NFL atraviesa una de las mayores transformaciones de infraestructura de su historia. Mientras los Buffalo Bills acaban de estrenar el nuevo Highmark Stadium, otras nueve franquicias se encuentran en distintas etapas de construcción, planificación o remodelación de sus recintos, en proyectos cuyo costo combinado se acerca a los 20,000 millones de dólares.
La magnitud de las inversiones refleja un cambio en la estrategia de los equipos: los estadios ya no son concebidos únicamente como lugares para disputar partidos de fútbol americano, sino como grandes centros de entretenimiento capaces de recibir conciertos, encuentros universitarios, partidos internacionales y eventos deportivos de alcance mundial.
Una de las principales tendencias es la incorporación de techos, cúpulas o estructuras de sombra. Al menos seis de los nueve proyectos futuros contemplan algún tipo de cubierta, mientras prácticamente todos incluyen nuevas áreas premium, palcos de lujo y salones tipo club.
La apuesta es clara: ofrecer una experiencia más cómoda al espectador y, al mismo tiempo, aumentar los ingresos provenientes de los sectores premium y conseguir que los estadios sean considerados para eventos de máxima categoría.
Entre los acontecimientos que los equipos aspiran a atraer figuran futuros Super Bowls, partidos de la Copa Mundial Femenina de 2031, fútbol americano universitario, conciertos y otros espectáculos masivos.
La renovación de la infraestructura también seguirá un calendario acelerado. La NFL tendrá al menos un estadio nuevo o considerablemente remodelado en cada una de las próximas cinco temporadas, comenzando con Tennessee en 2027, seguido por Jacksonville en 2028, Cleveland en 2029, Carolina en 2030 y Kansas City en 2031.
Buffalo Bills: el nuevo referente
Los Buffalo Bills son los primeros en completar su transformación.
El nuevo Highmark Stadium fue construido justo al otro lado de la calle del antiguo recinto que abrió en 1973 y que durante décadas fue una de las instalaciones más reconocibles de la NFL.
El proyecto tuvo un costo estimado de US$2,100 millones, aunque otras estimaciones sitúan el costo total alrededor de los US$2,200 millones.
El estado de Nueva York y el condado de Erie aportaron aproximadamente US$850 millones en fondos públicos, mientras los propietarios Terry y Kim Pegula asumieron el resto, incluidos importantes sobrecostos.
El nuevo estadio ya está terminado y celebró su primer evento el 8 de agosto con el tradicional “Blue and Red Scrimmage”.
Entre sus principales características se encuentra un terreno de Kentucky bluegrass y una estructura curva que cubre aproximadamente el 60 % de los 60,108 asientos, diseñada también para reducir el impacto del viento sobre el terreno de juego.
Sin embargo, el estreno no ha estado completamente libre de críticas. Algunos aficionados cuestionaron determinadas líneas de visión desde ciertos asientos, lo que llevó a los Bills a revisar las preocupaciones planteadas antes del inicio de la temporada regular.
Carolina: una remodelación de US$1,300 millones
Los Carolina Panthers están transformando el Bank of America Stadium, abierto en 1996.
La remodelación directa está valorada en aproximadamente US$800 millones, mientras el proyecto completo de desarrollo del centro de Charlotte alcanza unos US$1,300 millones.
La ciudad aportó US$650 millones y el propietario David Tepper otros US$150 millones para las mejoras del estadio.
La renovación está proyectada para completarse de cara a la temporada 2030.
Entre los nuevos elementos se contempla un espacio social al aire libre, áreas con sombra y opciones de acceso más económicas para aficionados que prefieran permanecer de pie.
Chicago Bears: un estadio que podría cambiar de estado
Los Chicago Bears estudian abandonar Illinois para construir un nuevo estadio en Hammond, Indiana, a unas 25 millas del centro de Chicago.
El proyecto costaría varios miles de millones de dólares.
Indiana autorizó una estructura financiera respaldada por impuestos relacionados con hoteles, restaurantes, peajes y entradas. Los Bears se comprometerían a aportar alrededor de US$2,000 millones, conservarían los ingresos generados por el recinto y tendrían la posibilidad de recomprar el estadio después de 40 años, una vez pagados los bonos respaldados por los contribuyentes.
El objetivo sería tener el nuevo estadio listo posiblemente para 2031.
Los Bears, una de las franquicias históricas de la NFL, comenzaron jugando en 1920 como Decatur Staleys y se trasladaron a Chicago en 1921. Después de pasar por Wrigley Field, establecieron su casa en Soldier Field.
Cincinnati: modernización sin abandonar el centro
Los Cincinnati Bengals optaron por remodelar el Paycor Stadium en lugar de construir una nueva instalación.
El proyecto tiene un costo estimado de US$470 millones, de los cuales el condado de Hamilton aporta US$350 millones y el equipo US$120 millones.
La primera fase ya está terminada e incluyó la modernización de palcos, niveles de club, concesiones y baños.
La segunda etapa comenzará en 2027 y contempla nuevos asientos y una nueva pantalla gigante.
El acuerdo también garantiza que los Bengals permanezcan en el centro de Cincinnati durante al menos los próximos años, mediante un contrato de arrendamiento de 11 años con una opción de extensión por otros 10.
Cleveland: una nueva casa de US$2,600 millones
Los Cleveland Browns se encaminan hacia una de las obras más ambiciosas.
La franquicia construye un nuevo estadio de aproximadamente US$2,600 millones en Brook Park.
Haslam Sports Group, propiedad de Jimmy y Dee Haslam, se comprometió a aportar US$1,760 millones, además de cubrir eventuales sobrecostos.
El estado de Ohio comprometió otros US$600 millones, aunque esos fondos se encuentran temporalmente en pausa debido a una demanda colectiva. Brook Park, por su parte, aportará US$245 millones mediante ingresos fiscales.
La inauguración está prevista para la temporada 2029.
El nuevo recinto tendrá una capacidad aproximada de 67,500 espectadores, contará con un techo abovedado y tendrá una nueva versión del famoso “Dawg Pound”, la zona de aficionados de Cleveland, diseñada con una inclinación de 34 grados.
Jacksonville: una transformación radical
Los Jacksonville Jaguars invertirán aproximadamente US$1,400 millones en la remodelación del EverBank Stadium.
La ciudad aportará US$775 millones, incluyendo US$150 millones destinados a mantenimiento atrasado, mientras el propietario Shad Khan pondrá US$625 millones, además de asumir eventuales sobrecostos.
La renovación deberá estar lista para la temporada 2028.
El proyecto contempla una gran cubierta translúcida destinada a proteger a los aficionados del intenso calor y la humedad de Florida.
La transformación tendrá consecuencias temporales: Jacksonville jugará la temporada 2026 con capacidad reducida y trasladará sus partidos como local de 2027 a Orlando mientras se completan los trabajos.
Kansas City: el nuevo Arrowhead será completamente cubierto
Los Kansas City Chiefs preparan uno de los proyectos más costosos de la lista.
El nuevo Arrowhead Stadium tendrá un costo estimado de US$3,000 millones, mientras el desarrollo de las áreas comerciales y de entretenimiento alrededor del estadio eleva la inversión total hasta aproximadamente US$4,500 millones.
La estructura financiera contempla una proporción de aproximadamente 60 % de fondos públicos y 40 % privados. El estado de Kansas podría aportar hasta US$3,000 millones mediante bonos, mientras la familia Hunt y los Chiefs asumirían el resto.
El nuevo recinto tendrá capacidad para aproximadamente 70,000 espectadores, será completamente cerrado y buscará conservar elementos arquitectónicos que recuerden al histórico Arrowhead, hogar de los Chiefs desde 1972.
También incluirá una nueva instalación de entrenamiento y espacios comerciales y de entretenimiento.
La apertura está prevista para 2031.
Tampa Bay: proteger al aficionado del calor de Florida
Los Tampa Bay Buccaneers estudian una remodelación de aproximadamente US$1,000 millones para el Raymond James Stadium, que se acerca a las tres décadas de existencia.
Cerca de US$500 millones se destinarían a construir una gran cubierta sobre la parte inferior de las gradas.
Los Buccaneers, propiedad de la familia Glazer, plantean una estructura financiera en la que aproximadamente un tercio sería privado y dos tercios públicos.
Los Glazer aportarían alrededor de US$333 millones, mientras buscarían unos US$667 millones en fondos públicos provenientes de ingresos fiscales locales.
El proyecto todavía no tiene una fecha definitiva de finalización, aunque el contrato de arrendamiento del equipo vence después de la temporada 2027.
Los diseños preliminares toman como referencia algunas soluciones utilizadas en el Hard Rock Stadium de Miami, especialmente aquellas destinadas a proteger a los espectadores del calor y la humedad.
Tennessee: un estadio nuevo antes de 2027
Los Tennessee Titans están construyendo un nuevo Nissan Stadium junto al actual.
La inversión ronda los US$2,100 millones.
Los Titans aportarán aproximadamente US$840 millones, el estado de Tennessee US$500 millones y otros US$760 millones serán financiados mediante bonos respaldados por licencias personales de asientos, impuestos generados en el estadio y un impuesto del 1 % a hoteles y moteles.
El nuevo recinto está previsto para febrero de 2027, varios meses antes del comienzo de esa temporada.
Con capacidad para aproximadamente 60,000 personas, el estadio ya fue seleccionado como sede del Super Bowl de 2030.
El diseño incluye un vestuario para entrenadoras, estacionamiento subterráneo para jugadores y un escenario integrado en una de las zonas de anotación.
Washington: un proyecto de US$4,000 millones
Los Washington Commanders tienen sobre la mesa uno de los proyectos de mayor alcance.
La franquicia planea construir un nuevo estadio en el lugar donde estuvo el antiguo RFK Stadium, recinto que fue la casa del equipo durante más de tres décadas.
Washington juega actualmente en Landover, Maryland, pero pretende regresar a la capital.
La inversión total alcanzaría unos US$4,000 millones para el estadio, viviendas, áreas verdes y un complejo deportivo en aproximadamente 170 acres junto al río Anacostia.
Los Commanders aportarían alrededor de US$2,700 millones, mientras la ciudad invertiría aproximadamente US$1,100 millones hasta 2032.
El nuevo estadio tendría capacidad para 65,000 espectadores, techo y capacidad para funcionar durante todo el año como escenario de conciertos, eventos deportivos y otras actividades.
La inauguración está prevista antes de la temporada 2030.
Una transformación que va más allá del fútbol
La dimensión de estos proyectos revela que la NFL está redefiniendo el concepto de estadio.
Los nuevos recintos buscan convertirse en plataformas de entretenimiento durante todo el año, capaces de generar ingresos incluso cuando no hay partidos de la liga.
Los palcos corporativos, clubes exclusivos, restaurantes, zonas sociales, conciertos y eventos internacionales se han convertido en elementos centrales de los nuevos diseños.
Pero detrás de estas multimillonarias inversiones también aparece un debate que se repite en Estados Unidos: ¿hasta qué punto deben los contribuyentes financiar instalaciones deportivas privadas?
En numerosos casos, las ciudades y los estados aportan cientos de millones de dólares mediante impuestos, bonos o ingresos públicos, mientras los propietarios de las franquicias conservan una parte importante de los beneficios derivados de los nuevos estadios.
La NFL, entretanto, avanza hacia una nueva generación de instalaciones. Y el mensaje de las franquicias parece ser inequívoco: el futuro del fútbol americano profesional no estará limitado a los cuatro cuartos de un partido, sino que se construirá alrededor de grandes complejos capaces de convertirse en destinos de entretenimiento global.
Fuente: Associated Press, reporte de Mark Long, actualizado el 11 de agosto de 2026.