Francia juega a otro ritmo, en otra dimensión y con un manual de jerarquía que asusta a cualquiera. En una reedición perfecta de las semifinales de Qatar 2022, el combinado galo volvió a asestar un golpe de autoridad mundialista al despachar 2-0 a la combativa selección de Marruecos en el Gillette Stadium de Foxborough. Los dirigidos por Didier Deschamps superaron el muro africano sin despeinarse y se metieron a las semifinales por tercer Mundial consecutivo, confirmando que el campeón del mundo de 2018 y subcampeón de 2022 sigue habitando de forma legítima en el Olimpo del fútbol.
El trámite en los suburbios de Boston fue un monólogo de fútbol total. Las estadísticas de la FIFA son demoledoras y no dejan espacio al pataleo: Les Bleus trituraron a los Leones del Atlas con una ventaja de 21-4 en remates totales y un aplastante 8-1 en tiros con dirección a portería. El técnico marroquí, Mohamed Ouahbi, lo admitió con resignación tras el pitazo final: la nula efectividad en sus transiciones defensivas permitió que las superestrellas francesas jugaran en su más absoluta zona de confort.
Mentalidad de acero y el duelo encarnizado con Messi
La tarde norteamericana no comenzó del todo bien para el capitán francés. Cumplida la primera media hora de juego, el árbitro argentino Facundo Tello sentenció una pena máxima tras un claro derribo de Noussair Mazraoui sobre Kylian Mbappé en el área. Sin embargo, tras una eterna revisión del VAR que enfrió el cobro, el arquero marroquí Yassine Bounou “Bono” agigantó su figura y detuvo el potente disparo de la estrella del Real Madrid, tal como lo había hecho en anteriores citas históricas.
Pero los genios no se deprimen; se rebelan. En la segunda mitad, Francia activó su versión más letal y destrabó el marcador en un abrir y cerrar de ojos. Al minuto 60, Mbappé frotó la lámpara para fabricar su octava diana del torneo, igualando de golpe al argentino Lionel Messi en la implacable carrera por la Bota de Oro. Con este zarpazo, el astro francés estampa la friolera de 20 goles en 20 partidos mundialistas, quedando a solo un grito de los 21 que ostenta el capitán albiceleste. Apenas seis minutos después, al 66, Ousmane Dembélé aprovechó una genial asistencia retrasada del propio Mbappé para liquidar el pleito con un remate cruzado que significó su quinta conquista en suelo norteamericano.
Alarma por el tobillo derecho de la “Tortuga”
A pesar de la fiesta y los bailes de celebración en la cancha, las alarmas se encendieron en el búnker de Deschamps al minuto 76. Tras recibir un duro impacto en el tobillo derecho, Mbappé tuvo que pedir el cambio de inmediato, sentándose en el banquillo con una visible bolsa de hielo sobre la zona afectada. No obstante, el propio futbolista se encargó de llevar tranquilidad a la fanaticada: “Estoy bien, no pasa nada. Salí porque Jean-Philippe Mateta estaba en mejores condiciones físicas que yo para fajarse en los últimos quince minutos” [sic].
Con el billete de semifinales en el bolsillo, Francia aguarda con calma en su burbuja de concentración al ganador de la batalla de este viernes entre España y Bélgica. El gran choque por el pase a la finalísima se disputará el próximo martes 14 de julio en el imponente AT&T Stadium de Arlington, Texas. El objetivo de Les Bleus está entre ceja y ceja: convertirse en la tercera nación en la historia del fútbol que disputa tres finales consecutivas de la Copa del Mundo. Mbappé ya lanzó la advertencia final al vestuario: “Solo hay una forma de relajarnos, y será ganar. Mientras no lo hayamos logrado, no aflojaremos el ritmo”.