Por David Alandete | ABC.es
El secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Albert Ramdin, habla durante una rueda de prensa este martes, en Washington (EE.UU.). Ramdin felicitó a la opositora venezolana María Corina Machado por el Premio Nobel de la Paz a título personal y no en nombre de la organización, al afirmar que «no hay consenso» entre los Estados miembros respecto a Venezuela. EFE/ Lenin Nolly
Albert Ramdin (Surinam, 1958) hace balance de su primer año como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) en medio de un escenario especialmente volátil. Primer político en acceder al cargo procedente del Caribe, una región que observa hoy de cerca uno de los mayores despliegues navales de las últimas décadas, Ramdin se ha visto obligado a gestionar una organización en jaque por tensiones crecientes.
Entre ellas, destacan que Estados Unidos ha ido endureciendo sus movimientos militares frente a Venezuela, Colombia o incluso México; una crisis de legitimidad venezolana que sigue dividiendo a los Estados miembros y una OEA sin consenso interno para fijar una posición común.
En ese contexto, el diplomático surinamés ha optado por un perfil más cauteloso que el de su antecesor, José Luis Almagro, tratando de preservar el frágil equilibrio institucional mientras el Caribe se sitúa en el centro de una geopolítica cada vez más militarizada. Recibe a varios corresponsales en Washington para repasar los principales problemas del continente.
En el caso de Venezuela, lo primero que quiero dejar claro es que no existe una posición unificada dentro de la membresía de la OEA. No estoy especulando, me baso en las declaraciones que han hecho los Estados miembros. Por tanto, no puedo hablar en nombre de la organización diciendo «esta es la posición de la OEA», porque no hay consenso. Lo que sí puedo hacer, como secretario general, es reconocer que existen problemas muy claros dentro del territorio venezolano que deben ser abordados. Yo se lo he dicho directamente a los actores que hoy están a cargo: tienen un problema de legitimidad y necesitan hacer algo para dar certeza. Se han hecho sugerencias, como mostrar las actas y determinar de manera clara quién ganó las elecciones. Ese es un problema interno que debe resolverse.
