El despliegue de parteras en la primera línea de atención en las zonas más peligrosas o remotas es una de las maneras más eficaces para prevenir las muertes maternas y neonatales. Sin embargo, representan sólo el 10% del personal que presta estos servicios.
Durante una crisis ocasionada por un desastre o un conflicto, se duplican las probabilidades de que una mujer muera durante el embarazo o el parto. Esto debido a la dificultad para acceder a servicios de salud sexual y reproductiva de calidad.
El despliegue de parteras en la primera línea de atención en las zonas más peligrosas o remotas es una de las maneras más eficaces para prevenir las muertes maternas y neonatales; garantizar el acceso a la salud sexual y reproductiva, incluida la planificación familiar; y responder a la violencia sexual y de género, la cual también aumenta durante las crisis.
En el Día Internacional de la Partera, conmemorado cada 5 de mayo, abogar por la inclusión de las parteras en cada etapa de la preparación y respuesta ante una crisis no solo es fundamental, sino esencial para salvar vidas y lograr soluciones más efectivas.
“Ante una crisis humanitaria, las parteras tienen un papel muy importante, porque las mujeres embarazadas necesitan atención urgente y mayor seguimiento. La gran ventaja de tener una partera en la comunidad es que lleva un seguimiento muy cercano con cada mujer y garantiza la atención continua aun sucediendo estas crisis,” declaró Silvia Ramos, enfermera y partera profesional
Cuando el mundo se para para presenciar lo que está sucediendo
La vida profesional de una partera está íntimamente relacionada con su día a día para poder brindar una atención inmediata en cualquier momento. Si bien implica una exigencia y entrega, también significa un gran honor y un regalo inmenso que no todas las profesiones permiten, reflexionó Silvia Ramos, quien durante ocho años ha acompañado partos en casa en la Ciudad de México.
“Lo más hermoso de mi profesión es esta sensación después de que ha nacido un bebé. Como si el tiempo se detuviera y el mundo se pudiera parar solo para presenciar lo que está sucediendo. Esos minutos en los que puedo sentir la oxitocina, el espacio lleno de amor, mirar a mis compañeras. En algunas ocasiones después de que un parto fue largo, difícil, que tuvo retos, haber podido acompañar a esa mujer de una satisfacción es muy hermosa”, comentó Silvia Ramos.
En muchos rincones de México, especialmente en comunidades rurales y de difícil acceso, donde la distancia a los servicios de salud puede ser un desafío significativo, las parteras son a menudo el primer contacto y un apoyo fundamental para la salud de las mujeres y sus recién nacidos. Con dedicación, recorren caminos y superan obstáculos para asegurar servicios esenciales que salvan vidas y protegen la salud y los derechos humanos
En estos contextos, las mujeres pueden enfrentar mayores riesgos durante el embarazo y el parto. Fortalecer el rol de las parteras en cada comunidad, integrándose plenamente al sistema de salud.
