Ángela Aguilar durante su concierto del 4 de diciembre en el Dolby Theatre de Hollywood. (Jesús Aguilar)
Por ARMANDO GARCÍA
El jueves de esta semana, a las 5:30 de la tarde, llegamos puntualmente a uno de los recintos más emblemáticos de Hollywood: el Dolby Theatre. Esto nos dio la posibilidad de presenciar el ‘soundcheck’ de Ángela Aguilar antes de su concierto correspondiente al “Libre Corazón Tour”, donde está siendo acompañada por 16 músicos, incluidos sus coristas.
En su más reciente producción, “Nadie se va como llegó”, Ángela debutó como productora. Durante el ensayo, observamos lo involucrada que está en cada detalle: opinaba, sugería ideas y dialogaba con sus músicos y su staff. Practicaba también tres temas inéditos.
Es que la ocasión era especial: sería su primera presentación en el recinto donde su padre, Pepe Aguilar, se convirtió en el primer latino en ofrecer un espectáculo.
“Muchas gracias por venir. Yo nací aquí en Los Ángeles, porque mi papá tenía una gira, y el destino determinó que naciera aquí y que creciera gran parte de mi vida en esta ciudad”, nos dijo entre bambalinas. “Tengo muy bonitos recuerdos de estas calles”.
“Así que muchas gracias por estar. Gracias por no escuchar el ruido. Gracias por escuchar mi música”, añadió, en clara alusión al constante asedio de sus ‘haters’.
Afuera del teatro, el entusiasmo ya era palpable. Varias fanáticas llevaban más de tres horas en la fila. Entre ellas estaban María y Félix, fieles seguidoras.
“No es la primera vez que venimos a un show de Ángela. Ella es espectacular y sus conciertos son fenomenales. Estamos aquí para apoyarla al 100%. No nos importa lo que diga la gente; venimos a darle nuestro cariño y nuestros deseos de que siga triunfando y brillando”, dijeron.
El teatro lucía lleno. Familias enteras, niños, jóvenes, adultos y abuelitas coreaban el nombre de la artista incluso antes del primer acorde: “¡Ángela, Ángela!”
El show se inició a las 8:30 p.m. El telón se abrió lentamente y una silueta apareció a contraluz: era ella, envuelta en un vestido dorado con velos que se extendían desde los brazos. Empezó los trámites con “Abrázame”, un bolero con influencias del indie pop, y siguió con el clásico de la música ranchera “Me gustas mucho tú”, popularizado por Rocio Durcal y escrito por Juan Gabriel, con el que puso a bailar inmediatamente al público presente.
En la entrevista previa, Ángela nos habló del modo en que su nuevo álbum explora géneros como el pop y los corridos tumbados, pero sosteniéndose siempre en la esencia del mariachi. En ese sentido, la primera melodía del concierto marcó el rumbo de una noche que iría en constante ascenso.
Gran parte del show transcurrió con el público de pie, ovacionándola. En un interludio, el escenario se transformó: las cortinas centrales bajaron y una tela blanca descendió, mientras una voz en off -perteneciente a la misma Ángela- hablaba sobre la importancia de retomar sus raíces y del amor que siente por la música mexicana.
Posteriormente vinieron “Lágrimas en mi garganta”, “La llorona”, “Albur de amor” (de su abuelo Antonio Aguilar) y un homenaje a su abuela Flor Silvestre, con un medley de canciones.
El instrumento más poderoso de la noche fue su voz: de altísimo registro, cristalina y llena de matices. Interpretó solos y falsetes, y sostuvo además notas prolongadas que arrancaron gritos, lágrimas y aplausos de la audiencia. Su indudable talento vocal se hizo especialmente presente en “La Charreada”, generando la algarabía de unos asistentes que no dejaban de aplaudirla.
Más adelante, vinieron cumbias, rancheras y homenajes a figuras como Vicente Fernández, Flor Silvestre, Pepe Aguilar y Selena, así como su exitoso dueto con Yuridia, “Qué agonía”, que continúa acumulando millones de reproducciones y que, en esta ocasión, cantó por cuenta propia, porque el concierto no tuvo invitados.
El momento de bailar al estilo country llegó con “En realidad”, a través de un cambio de vestuario que buscaba mayor comodidad para ejecutar libremente los pasos necesarios, plasmándose en el uso de unos pantalones de cuero estilo mariachi.
Posteriormente vino otro de sus éxitos, “Dime cómo quieres”, que grabó con su ahora marido Christian Nodal. “Mi esposo no vino esta noche porque tiene show en Nueva Jersey, así que ustedes serán mi esposo hoy”, dijo en ese momento de manera pícara.
Ya en el ‘bis’, Ángela subió a una fanática que estaba en las primeras filas y que tenía un cartel donde le pedía que hiciera realidad el sueño de cantar a su lado. De ese modo, la chica de 19 años, Briana Rodríguez, entonó con ella una parte de “Que agonía”; y aunque se mostró un poco nerviosa, la hija de Pepe estuvo siempre a su lado para apoyarla, sosteniendo incluso su mano cuando era necesario.
Al finalizar, los asistentes salieron extasiados. Una pareja que viajó desde Anaheim nos dijo que era la primera vez que veía a Ángela en vivo, y que “le encantó todo el concierto”.
El concierto del Dolby Theatre no solo mostró una voz consolidada, sino a una artista que está aprendiendo a caminar con seguridad entre la herencia familiar y su propio estilo. Ángela no busca reemplazar tradiciones, sino reinterpretarlas a través de su mirada generacional.
En un momento donde el regional mexicano vive una revolución sonora liderada por jóvenes, esta artista está demostrando la capacidad que tiene para innovar sin perder las raíces. Su presencia en el escenario confirma que está escribiendo, con disciplina y sensibilidad, su propia historia y su propio legado.
Además, las críticas y los comentarios negativos a los que es sometida sin pausa parecen haberla fortalecido, enseñándole a no creer en todo lo que se dice. A fin de cuentas, Ángela viene demostrando que, a pesar de su juventud, está tomando el control absoluto de su carrera tras haberse distanciado durante algunos años de los escenarios estadounidenses.
