La izquierda de América Latina ha visto a la isla como su referente ideológico. Ahora, líderes de todo el espectro dudan en ayudar a una nación que está en la mira del gobierno de Trump.
Políticos de izquierda de toda América Latina han considerado a Cuba como un referente ideológico por décadas. Fidel Castro y sus guerrilleros inspiraron a la región cuando disminuyeron el analfabetismo, expandieron la salud pública y elevaron la esperanza de vida.
Cuba solía ostentar, hasta entre sus oponentes, cierto respeto como un bastión inquebrantable de la resistencia a generaciones de presidentes estadounidenses.
Pero ahora Cuba se está quedando sin petróleo y su economía se acerca al colapso. Una nueva oleada de líderes de derecha en América Latina no ve a Cuba como un epicentro de nostalgia revolucionaria, sino de disfunción autoritaria. Y en un giro rotundo, los políticos de izquierda que gobiernan los tres países más poblados de la región —Brasil, México y Colombia— no envían combustible de emergencia a Cuba por temor a provocar la ira del presidente Donald Trump.
“En donde todo gesto de independencia tiene un castigo fulminante inmediato” por parte de Estados Unidos, dijo Jesús Silva-Herzog Márquez, politólogo del Instituto Tecnológico de Monterrey. “Uno no sabe cuál es el efecto de la ira del presidente Trump”.
En conjunto, la reorientación de los vínculos de América Latina con Cuba refleja un cambio radical en la política de la región, que marca una ruptura con el amplio cobijo diplomático que había existido hacia la isla. Ahora, los dirigentes latinoamericanos consideran que el precio de apoyar a Cuba es demasiado alto después de 67 años de la persistencia del régimen comunista unipartidista frente a la resistencia estadounidense.
México es un ejemplo de este dilema. Fue la cuna de la Revolución cubana, desde donde un Fidel Castro exiliado comenzó su lucha armada. También fue el protector de Cuba por mucho tiempo, al suministrarle petróleo al tiempo que la defendía de forma fiable en la escena mundial.
A principios de año, México se había convertido en el principal proveedor de petróleo de Cuba. Al mismo tiempo, México depende del comercio con Estados Unidos de forma excepcional. A finales de enero, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, detuvo todas las exportaciones de petróleo a Cuba después de que el gobierno de Trump amenazara con imponer aranceles significativos a los países que suministran combustible a Cuba.
Brasil y Colombia, dos países exportadores de petróleo liderados por políticos de izquierda que en el pasado habían intentado reducir el aislamiento de Cuba al presionar al gobierno estadounidense para que retirara a Cuba de su lista de Estados patrocinadores del terrorismo, tampoco están haciendo mucho por disminuir la escasez de energía de Cuba.
Venezuela, que acudió al rescate de Cuba tras el colapso de la Unión Soviética y era, hasta hace poco, el principal proveedor de petróleo de Cuba, dejó de enviar combustible al gobierno cubano después de que las fuerzas estadounidenses capturaran al líder de Venezuela, mataran a 32 asesores cubanos en el operativo y tomaran el control de la industria petrolera venezolana.
Ecuador, profundizando el aislamiento regional de Cuba, expulsó a todos los diplomáticos cubanos y alegó injerencia de agentes cubanos en sus asuntos internos. Nicaragua interrumpió los viajes sin visado para los cubanos, lo que eliminó una importante ruta para que los migrantes llegaran a Estados Unidos. Guatemala, Honduras y Jamaica cancelaron acuerdos que pagaban a Cuba por suministrar médicos. Las misiones médicas de Cuba en todo el mundo son una fuente indispensable de dinero para su gobierno.
