Por León Felipe Girón
Durante 18 temporadas en Green Bay, Aaron Rodgers construyó una relación especial con los Packers, que los llevó a disfrutar los más grandes triunfos y a sobrellevar las peores decepciones. El domingo, sin embargo, tiene una sola encomienda: Ver a su antiguo equipo salir derrotado de Pittsburgh.
“Éste no es un partido de venganza para mí”, enfatizó el actual quarterback de los Steelers el miércoles. “Estoy emocionado de ver a algunos de esos muchachos”.
Sólo espera que no estén demasiado cerca. En especial Micah Parsons y el resto de una defensiva de Green Bay (4-1-1) que permite apenas 18 puntos en sus cuatro triunfos esta temporada y busca hilvanar su tercera victoria de la campaña.
Enfrente, Rodgers no tiene a un rival cualquiera.
A sus 41 años y en pleno renacimiento profesional, Rodgers lo ha ganado prácticamente todo: un Super Bowl, cuatro premios al Jugador Más Valioso, cuatro designaciones All-Pro y un ingreso directo al Salón de la Fama. El domingo, con un triunfo, se convertiría en el quinto quarterback en haber derrotado a los 32 equipos de la NFL, uniéndose a Tom Brady, Peyton Manning, Brett Favre y Drew Brees. Vaya compañía.
Para conseguirlo debe mantener el impulso ofensivo que mostró hace 10 días en la derrota de 33-31 ante Cincinnati, cuando lanzó cuatro pases de touchdown. También debe rogar que su línea ofensiva —que sólo ha concedido cinco capturas desde la semana dos— sea capaz de mantenerlo lejos de Parsons y sus 5,5 sacks.
